
Hace pocas horas acaba de concluir una nueva edición del
Triatlón de Sevilla. Cuando he empezado a escribir estas líneas, antes de parar para la cena y ver una película (sí, lo confieso: ¡soy un bicho raro!, no he visto el enésimo "partido del siglo", y los que quedan...), aún se estarían desmontando las instalaciones y los triatletas venidos de más lejos quizás estaban todavía de vuelta en la carretera. Con las sensaciones vividas a flor de piel, para que esta crónica sea lo más descriptiva posible, me dispongo a narrar cómo lo he disfrutado desde mi humilde y aún poco experto punto de vista. Aprovechando que con el cambio de fecha estamos a las puertas de la
Semana Santa, utilizaré para mis metáforas algunas situaciones típicas de estas fechas y varias advocaciones de las Hermandades de Sevilla. Antes de empezar, quiero hacer una aclaración: que nadie lo interprete como una burla, ofensa o irreverencia, nada más lejos de mi intención, simplemente es una forma de acercar el entendimiento de nuestro deporte a aquellos que no lo conocen tanto.

El viernes de Dolores, a modo de aperitivo, en lugar de ver alguna hermandad de vísperas acudí a recoger el dorsal y dar una vuelta por la feria del triatleta, cayeron dos números atrasados de la revista
Finisher gratis, je, je. Allí pude saludar a
David y a
Lay, dos pedazos de triatletas a los que he podido felicitar en persona por sus proezas en el
ICAN de Marbellla y en
Arenales-Elche, conocer en persona a
Ángel, un gran tío que está progresando a pasos de gigante, y tener una larga y buena charla con
Fernando, que está pasando por su particular
Calvario, pero que seguro que lo superará, saldrá de él con su increíble fuerza de voluntad.


Hoy he llegado a boxes con el tiempo un poco justo, para no hacer demasiado larga la espera hasta mi salida. Antes de entrar he podido conocer por fin a
Diego, gran corredor que después de tantas
carreras de Distrito sin llegar a cruzarnos hoy ya hemos tenido la ocasión. Se le notaban los nervios y la ilusión que compartía con todos los triatletas debutantes, se sentían como los nazarenos de
La Borriquita en su primer Domingo de Ramos. Antes de entrar también me cruzo con
Roberto, apenas hemos tenido tiempo para un saludo rápido y desearle suerte, para hoy y para
Lisboa.


Ya con todo colocado, a la salida seguimos con los saludos:
Lay,
Oscar y Sonia,
Ángel... Y también un nuevo primer encuentro con
Antonio, muy animado con su debut en el Olímpico (es como pasar de
La Borriquita a
El Amor). De los que competían he podido ver prácticamente a todo el mundo, de los que no conozco en persona me han faltado
Daniel y
Leonardo. Era muy difícil con tanta gente, cada uno de un lado para otro, el equivalente a intentar ver todas las cofradías sin estar en la
Carrera Oficial. Tras ver la salida de natación de los "Hermanos Mayores" (los del triatlón Olímpico) y su salida de boxes, un pequeño descanso a la sombra, al rato veo cómo es la entrada para la carrera, voy al guardarropa, un mini calentamiento, Pilar me desea suerte, y dispuesto para salir.
De la natación no esperaba gran cosa, con salir indemne me conformaba. Aquí no se puede tener la fiesta en
Paz, durante todo el rato, sobre todo hasta la primera boya, ha sido un sucedáneo de lucha libre acuática, ríete tú de
las famosas carreritas de aquella maldita Madrugá. He estado más pendiente de defenderme que de llevar una técnica de nado correcta, podría haber acabado como un "Ecce Homo". Doy gracias de no tener ningún moratón y de mantener intacta mi nariz, el brazo aunque un par de veces han intentado arrancármelo, ha aguantado en su sitio. Mi única incidencia ha sido un arañazo desde el codo a la muñeca, algún tigre o tigresa (o mejor dicho, tri-gre o tri-gresa), me ha dejado un recuerdo de su compañía. Veredicto de los jueces: combate nulo a los puntos.
Salgo del agua sano y salvo, me pongo todos los avíos y para afuera con la bici. Como los detalles de semi-novato globero no pueden faltar, ni sabía cómo poner las gomillas ni he ensayado lo de subirme a la bici y meter los pies en las zapatillas en marcha. Parecía un triatleta de parvulario, al final he tenido que dejar la bici en el suelo, ponerme las zapatillas quieto y luego subirme. Menos mal que mi retraso no se ha acumulado en "
Campana", ya que había suficiente espacio para que los más diligentes pudieran seguir saliendo.

El sector de ciclismo es en el que más cómodo me he sentido, ¡
qué diferencia con el año pasado!. Muy bien de ritmo en las rectas, siempre atento a no chocar con nadie, a ratos cogiendo rueda, y continuamente adelantando y siendo adelantado, ha habido mucha mezcla entre las tres oleadas de Sprint, aquello parecía el
Santo Entierro. Donde no estoy tampoco muy hábil es en las curvas y en las rotondas, ahí perdía mucha velocidad. Habría que verme a mí de capataz... En la segunda vuelta he sufrido otra vez con mis tradicionales gemelos agarrotados, en lugar de
Las Tres Caídas han sido por lo menos cinco "subidas". A pesar de eso, estirando como buenamente he podido, con un piñón más grande y aumentando la cadencia, he conseguido mantener la velocidad media, sin contar la patética T1 y la discreta T2, por encima de los 30 Km/h, así que otro objetivo más que ha caído hoy. ¡Chapeau! Por cierto, poco antes de llegar al parque escuché un grito de ánimos de alguno de vosotros: "¡¡¡CHARLIIIIIIIIIIIIIIIIEEE!!!" No me dio tiempo a ver quién era, pero muchas gracias de todo corazón, ayuda mucho para no sentirse en
Soledad.

Arranco el tramo final, la carrera a pie. Al ser mi sector favorito contaba con hacerlo bastante bien y recuperar posiciones. Craso error, nunca sabes lo que te va a deparar la carrera: un extraño dolor en el costado, no el típico flato a la altura del hígado, sino más abajo, muy cerca de la cadera, me dificulta bastante la respiración y la amplitud de la zancada. Era como si un
Longinos paticorto y/o miope me hubiera dado
la Lanzada donde buenamente le había parecido. Así que, en una
situación muy parecida a la del año pasado, no tengo más remedio que trotar como buenamente puedo. Conforme pasan los kilómetros, remite un poco la molestia, no me permite subir el ritmo pero al menos se hace un poco más llevadero soportarlo.

Llego por fin a meta. El tiempo, dentro de lo previsto, aproximadamente 1h 25', así que contento dentro de lo que cabe, aunque me queda la sensación de que sin la globería de la T1, sin los gemelos dando por saco en el ciclismo y sin las molestias de la carrera podría haber bajado de 1h 20'. Pero bueno, se trataba principalmente de acabarlo, de seguir cogiendo experiencia y de ir "haciendo el cuerpo" a la dureza de las pruebas combinadas, así que en el fondo estoy bastante satisfecho. He logrado acabar mi particular "
estación de penitencia", y ya estoy deseando hacer otra lo antes posible, es normal que las mejoras sean progresivas, caen poco a poco, al lento y paulatino ritmo en que la cera del cirio es derretida por la llama.
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CONGRATULATIONS "URBI ET ORBE" |
Tras acabar, me vuelvo a encontrar a
Diego, se le ha quedado corto el Super Sprint, le ha sabido a poco. Espero que se anime y vaya haciendo alguno más largo. Saludo a
Fernando de lejos, no lo he visto cuando repartía las bebidas isotónicas, y recogiendo el material conozco a otro triatleta de categoría, a
Paco, no sabía que tras
Elche y sus molestias en el tobillo iba a venir, pero es que los buenos de verdad están hechos de otra pasta. Con él finalizó el
Rosario de fenomenales triatletas con los que me he cruzado hoy, del resto, aunque no los conozca, todos se merecen mi más sincera enhorabuena por el esfuerzo realizado y les doy las gracias por haber podido compartir con ellos hoy esta gran fiesta deportiva.

De la organización en general tengo una impresión bastante buena, a todas luces mejor que
en el Duatlón, y eso que se notaba con respecto al año pasado el mayor volumen de participantes. El cambio por detrás del hotel en el recorrido ciclista ha permitido a los espectadores entrar y salir con mayor facilidad. La situación de la meta dentro del Alamillo más cerca del CAR favorece a los espectadores el llegar a meta y que haya más gente animando, el recorrido a pie ha sido menos enrevesado, y eso es de agradecer. El área de llegada más amplia, el avituallamiento bastante completo. Muchos voluntarios ayudando y animando en todas partes. Los únicos fallos que he visto: no han dejado hacer fotos de la natación desde los pantalanes vacíos, en Super Sprint me ha comentado por teléfono mi compañero
Javier (¡felicidades a ti también por ser Finisher en tu primer Triatlón, y que sean muchos más!) que ha habido una fila de bicis en boxes cambiada de sitio sin avisar, con el consiguiente trastorno y pérdida de tiempo, y la puerta de al lado del guardarropa a la hora de recogida estaba cerrada, obligando a dar una vuelta innecesaria. Así que al final de esta particular y concentrada Semana Santa Triatlética, en la corrida de toros del Domingo de Resurreción, les concedo aplausos, saludos y vuelta al ruedo, espero que sigan mejorando y el año que viene poder darles una oreja... ¡la de el/la que me ha dado el arañazo!