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martes, 27 de septiembre de 2011

EFEMERIDES DE UNA SEMILLA QUE TARDO DEMASIADO EN GERMINAR





Ayer se cumplieron 15 años de la que ha sido sin lugar a dudas una de las experiencias más fuertes que hasta ahora he vivido, y que de alguna manera, para bien o para mal, me ha marcado en muchos aspectos en mi personalidad y en mi forma de plantearme las cosas. Con tan sólo 22 años (¡qué jovencito era por aquel entonces!) completé en solitario en 22 días los 737 kilómetros del Camino de Santiago desde Roncesvalles. Las pocas fotos originales que subiré las hice con cámaras de un sólo uso, y como las digitales ni siquiera sabíamos que existiesen, las que aquí os mostraré será a base de "refotos" (foto digital a la foto), así que espero que comprendáis la mala calidad técnica de las mismas.




De cómo acabé embarcado en esa aventura ya algo os he contado alguna vez: de mis años de infancia y adolescencia en Montañeros de Santa María y de juventud en Scouts tenía mucha afición por el senderismo y por viajar. Ya desde chico tenía  la inquietud de probar a hacer el camino, compartiré con vosotros cómo lo escribí en el diario que hice en el Camino (mi primer blog, pero en papel y tinta, je, je):  "...en una de aquellas inolvidables charlas del Padre Huelin... ...nos habló del Camino de Santiago... ...nos fascinó con la historia de los peregrinos que viajaban siguiendo a las estrellas... ...un cúmulo de estrellas que nos dirigen hacia el ocaso, hacia el lugar donde, parece ser, descansa el apóstol Santiago y en donde por mucho tiempo se creyó que acababa el mundo".



Cuando visité la preciosa e inigualable ciudad de Santiago de Compostela, ya no necesité más incentivos: me faltó tiempo para poner manos a la obra, comenzar a documentarme y a leer libros y artículos para aumentar aún más si cabe mi motivación. Por entonces no había Internet, pero había muchas guías en papel porque desde el año Xacobeo del 93 el Camino se había puesto en auge. Aunque la idea inicial era haberlo hecho en Agosto, un inoportuno suspenso y su consiguiente examen en Septiembre (¡menos mal que fue el día 2!) me obligó a retrasarlo para dicho mes. A posteriori me alegré del cambio: menos calor y menos masificación.




Lo de pasarme de rosca  en las salidas me viene de lejos: tanto en el peso de la mochila (¡más de 10 kilos!) como en la distancia de la primera etapa (de Roncesvalles a Pamplona, 43 Km.) Ir tan rápido no permite disfrutar el paisaje de los bonitos pueblos pirenáicos navarros. Paquete de 2 kilos en Correos para casa (no fue el último, hubo tres más durante los siguientes días),  que la rodilla izquierda ya empieza a fastidiarme. La chispa inicial me dura hasta Logroño: llego en 4 días, 137 Km. Pero las molestias en ambas rodillas y un amago de tendinitis en el pie derecho me hacen aflojar el ritmo los siguientes días.




Otro inconveniente del elevado ritmo es que no terminas de cuajar con ningún grupo de peregrinos: vas alcanzando a uno, y al día siguiente los dejas atrás. Lo  de pasar muchas  horas y kilómetros en soledad tiene la ventaja de que tú mismo te marcas tu ritmo y horarios, además de darte mucho tiempo para reflexionar de lo divino y de lo humano. Pero te pierdes uno de los aspectos más bonitos del camino: la convivencia. La gente está muy receptiva, todo es más sincero y natural, aquí no existen las "caretas" de ciudad.





 Sin embargo, el leve frenazo y su buen ritmo me permitieron coincidir bastantes días con Abel, de Leganés, a los que luego se unieron su novia Noelia y su amigo Fiz. Con ellos compartí bastantes días en la zona intermedia del camino, dejamos atrás la siempre verde navarra (Puente la Reina, Estella...) y los valles riojanos (Nájera, Santo Domingo...) para adentrarnos en la larga y monótona pero no menos bella meseta castellana. Muy pocos peregrinos en esa zona y pueblos y ciudades cargados de monumentos e historia: San Juán de Ortega, Burgos, Frómista... Son días donde abundan más los veintipico kilómetros que pasar de treinta. A pesar del cansancio acumulado, el cuerpo se acostumbra a todo, y el milagroso Fastum Gel permite recuperar los músculos muy bien de un día para otro.


Con el paso de los días las molestias remiten y el tiempo apremia: tengo los días muy justos para llegar a Santiago, estar allí 2 ó 3 días de visita y volver a Sevilla para las clases. A mitad de camino, en Sahagún, me veo obligado a tomar la decisión de separarme de Abel, Noelia y Fiz, y continuar para adelante más rápido. Ya no volví a coincidir con ellos hasta Santiago, llegaron el día que yo me fui. Otra etapa maratoniana para llegar a León con 50 Km. en un día, otro par de días de veintipocos kilómetros y prepararme para el arreón final.  


La etapa más bonita para mi gusto fue desde Astorga hasta El Acebo, con mucha naturaleza y montaña por el camino (El Rabanal, Foncebadón...). Tras pasar rápidamente por Molinaseca y Ponferrada llego a Villafranca del Bierzo, singular albergue-invernadero regentado por alguien más singular todavía, el Jato. Desde allí ya "huele" a Galicia: la alcanzo tras subir O Cebreiro en plan cronoescalada por miedo a la lluvia. En estos días finales ya no bajo de treinta kilómetros, paso sin pararme a visitar por Portomarín, Sarria, Arzúa... incluso el día antes de llegar me da la neura y trato de llegar del tirón, al final hice 54 kilómetros (Ligonde-Arca de Pino).


Para la última etapa de sólo 19 kilómetros quise hacer algo especial que me dejara un recuerdo profundo: aprovechando que estaba el cielo despejado y que había luna llena, me levanto a las dos de la madrugada. No necesito despertador, llevo todos los días despertándome temprano como si tuviera la mente programada, me acosté con la idea de despertarme a esa hora y así lo hice. Más cansado que nunca, dolorido pero con una fuerza de voluntad interior como sólo en esos días he sentido (ahora cuando compito se acerca bastante, pero no llega a tanto), camino de noche buscando las flechas amarillas, voy a un ritmo muy lento y cada poco rato me tengo que parar a descansar apoyado sobre el bastón. Cuando paso el Monte do Gozo aún de noche y vislumbro las luces de la ciudad, me dejo caer cuesta abajo para llegar más con la inercia que con mis propias piernas.


Vuelvo  aquí a transcribiros las líneas de mi diario, escritas con mucho sentimiento  a los pocos minutos de haber vivido el momento: "...cuando estaba llegando, caía una fina lluvia, y con las gafas empañadas, apenas podía reconocer las calles por mis recuerdos del año pasado. Poco antes de llegar al arco, y a Azabacherías, más gotas enturbiaron mis ojos: eran las lágrimas de la emoción, apenas contenida al final. Al llegar a la Plaza del Obradoiro, me acerqué al centro, me arrodillé, besé la concha del suelo, y permanecí allí varios minutos llorando".






No quiero extenderme mucho (bueno, en realidad ya lo he hecho) en lo que allí vivi, senti y aprendi. Una de las enseñanzas que saqué es que nuestra fuerza de voluntad nos puede hacer llegar mucho más lejos de lo que nos imaginamos, y hacernos conseguir cosas que nos parecen imposibles. Si me hubiera aplicado el cuento para el deporte mucho antes, mi historial en pruebas completadas y las marcas que hubiera conseguido a esa edad las llevaría ahora conmigo, pero el correr sin una pelota de por medio por entonces no llamaba mi atención, nadar era un ejercicio que se me daba muy mal y la bici un recuerdo de la infancia arrinconado. Aunque haya sido tantos años después, ahora vuelvo a sentir que la motivación me está llevando a explorar mis límites, y aún no sé donde se encuentran... ¡Ultreia!

martes, 20 de septiembre de 2011

DESAFIO DOÑANA 2011: SEGUNDAS MITADES NUNCA FUERON MAS DIFICILES

Antes de comenzar la crónica, donde como suele ser habitual me centro más en mis fallos y limitaciones que en los logros y los avances conseguidos, os muestro una foto que me hice en Jerez, con afán premonitorio. Debo quedarme con que se cumplieron los pronósticos, que era el objetivo principal. El resto de los detalles son secundarios, aunque a veces parezca que son más importantes. En algunas ocasiones nos dejamos llevar por lo primero que se nos pasa por la cabeza y no sabemos apreciar el momento, pero con el tiempo nos damos cuenta del verdadero valor de lo que hemos hecho y eso hace que cambien nuestros primeros juicios y  valoraciones.



A pesar todos los entrenos del verano por la playa, en los últimos días es inevitable que surjan las dudas y las inseguridades. De la dureza de la prueba ya tenía claras referencias desde el principio, pero mi mayor preocupación era el posible calor que me pudiera sofocar y dejarme en fuera de juego. Tiene gracia, el año pasado lo que me agobiaba es que pudiera estar el agua muy fría. El caso está en que hay que comerse la cabeza... A todo ésto se añadió que el lunes, aunque no debía, jugué mi tradicional partido de futbito. Por prudencia lo hice de portero, y aun así tuve una pequeña torcedura en el pie derecho. Se quedó en susto y en una ligera molestia, no me impedía correr pero hasta el sábado no tenía claro si me iba a limitar o no.

Para rematar la faena, el mismo viernes me entero de que Diego, el ciclista de mi equipo, ha sufrido un accidente doméstico y tiene el dedo gordo del pie hinchado y con un derrame impresionante. En la foto podéis comprobar el estado en el que se encontraba el viernes por la tarde. Si tuviera que correr sería imposible, pero... ¿podría pedalear a buen ritmo durante tantas horas seguidas? Otra duda saltando dentro de mi cabeza, por si no tenía bastante.




¡CHAPEAU!
Pues con esta situación de incertidumbre me dirigí el sábado a Sanlúcar, un poco ajustado de tiempo para que la espera no hiciera mella en mi nerviosismo. Tras un desesperante atasco a la entrada, y dar varias vueltas buscando un aparcamiento lo más cerca posible de boxes, llamo a Javi, nuestro nadador. Me dirijo a donde se encuentra su mujer, y cuando llego, ¡Diego ya está allí! Ha hecho un gran tiempo y ha sido capaz de superar su lesión, no le he visto entrando en meta, que es lo mínimo que debía de haber hecho para recompensar su esfuerzo.



Cruzamos en la barcaza para esperar a Javi y empezar mi carrera. En ella conversamos con dos deportistas: un triatleta del equipo Tri Alandalus  (compañero por tanto de Alvaro, Paco y Jordi) que se había retirado casi al final del tramo ciclista por culpa de dos pinchazos en sus tubulares (la mala fortuna es muy injusta con algunos deportistas, hasta ahora no me puedo quejar demasiado) y una corredora de Chipiona que había venido a animar a amigos suyos, habiéndose quedado con las ganas de haber participado por relevos (espero que el año que viene encuentre a dos valientes con los que poder compartir esta experiencia).



Ya en la otra orilla los últimos minutos de espera se hacen eternos, con un ligero avituallamiento para que no me falten las energías desde el principio. Por fin llega Javi, con un buen tiempo para haber nadado con una corriente mucho más desfavorable que en la edición anterior. Me pasa el chip, nos hacemos una foto rápida de equipo  y arranco a correr, tratando de tranquilizarme y de disfrutar del momento. Los primeros kilómetros tengo que ir frenándome, voy por debajo de 5 minutos el kilómetro, y ese ritmo sé que no es sostenible para mí durante todo el recorrido. Debo de conservar fuerzas para todo lo que me queda por delante.


Resultado de imagen de correr por la playa
Poco a poco consigo mantener la calma y situarme en el ritmo de crucero que me había propuesto, entre 5' y 5'30". Correr por la playa es muy bonito y agradable, pero desgasta los músculos mucho, y hay que reservar un poco. Una suave brisa del noroeste es más beneficiosa por lo que nos refresca que  perjudicial por lo que pueda frenarnos. Me voy parando en todos los avituallamientos, ya que comiendo y bebiendo un poco en cada uno de ellos no tendré problemas de deshidratación ni de pájaras. A medida que avanzo voy alcanzando a algunos corredores que van por delante mía. Unos pocos son relevistas, la mayoría son de individuales que, con toda la paliza que llevan encima, lógicamente van más castigados y algunos van andando prácticamente desde el principio.



Van pasando los kilómetros y me sigo encontrando bien, el ritmo es bastante constante y aún no me pesa la distancia acumulada. Soy adelantado por algún relevista más rápido que yo, un breve saludo y se va convirtiendo en un punto de color cada vez más lejano y pequeño. Me distraigo con el bello paisaje de esta playa virgen, donde se te pierde la vista en el horizonte sin que rompa el paisaje ninguna construcción humana. Observo a las bandadas de gaviotas posadas en la orilla, disfrutando apaciblemente de la hora de la siesta mientras nosotros sudamos  y gastamos nuestras energías corriendo. Paradojas de la evolución, su postura es a todas luces más inteligente...


Hacia el ecuador de la prueba, cuando los corredores estamos cada vez más espaciados y los adelantamientos se vuelven menos habituales, alcanzo a Antonio. Lleva los cuádriceps muy machacados: la bici le ha pasado factura, pero va bien dentro de lo que cabe, no dudo de que conseguirá su objetivo de llegar a la meta. Charlamos un rato en el que le comento que ya esta mañana en el blog de su club había fotos suyas en bici a su paso por Jerez, es algo que le asombra, le anima y le reconforta.


Resultado de imagen de arenas movedizasAlcanzo el kilómetro 15, el ecuador de la carrera, en aproximadamente 1h 20'. Voy dentro del plazo previsto, había calculado tardar entre 2h 45' y tres horas. Pero a partir de aquí la situación cambia de forma drástica: ya en los últimos kilómetros se estaba notando cómo la marea iba subiendo y había que sortear vaguadas para no mojarse los pies, pero desde este punto hay un par de kilómetros donde no queda arena mojada por donde correr. Hay que ir andando a trompicones por la arena seca, tratando inútilmente de trotar, con mucho desnivel lateral. Al final me veo obligado a andar, no por cansancio, sino porque el terreno no te permite otra opción.


Es muy frustrante ver cuánto tiempo pierdo en estos dos kilómetros y pico (¡voy a más de nueve minutos de ritmo!), y andar por la arena blanca es tan sólo un leve descanso para los pulmones y el corazón, porque las piernas sufren incluso más por el esfuerzo que conlleva dar cada paso. Cuando por fin se abre un pequeño hueco para correr, la arena está a ratos ondulada, no hay quien mantenga un ritmo y hay que estar vigilando continuamente las olas para que no te "enganchen", porque ir con las zapatillas y los calcetines mojados, además de aumentar el riesgo de ampollas, no es muy recomendable: entre otras cuestiones aumenta el peso que hay que levantar en cada pie.



Entre el enfriamiento de haber dejado de correr durante un buen rato y que empiezo a notar los cuadriceps agarrotados, producto de la acumulación de kilómetros y del paseo por la arena blanca, mi ritmo de carrera se ha ralentizado de manera muy preocupante. Ya ni siquiera llega a la categoría de trote cochinero, es una mezcla de marcha torpe o de paso semirápido, según se mire. ¡Hasta unos pequeños pajaritos, con sus diminutas patitas, corretean por la orilla más rápido que yo! A los pocos corredores que alcanzo o que me adelantan, cuando intercambio unas palabras con ellos sus impresiones son las mismas: a la dureza propia de correr por la arena, la marea alta le ha dado un plus de dificultad añadida muy considerable.


Resultado de imagen de playa doñana
LA PLAYA ESTABA (CASI) DESIERTA...
Los kilómetros siguen cayendo pero de forma muy lenta y cansina, el final de la carrera se hace interminable. Ya se empieza a divisar al fondo una mancha blanca:  es la vista de un conjunto de casas y edificios, y  significa que nos estamos acercando a Matalascañas. Pero es una sensación engañosa, sé que con el horizonte despejado las referencias de distancia siempre parecen más cercanas de lo que son en realidad. Hacia el kilómetro 23 tomo una decisión con la que nunca había tenido que enfrentarme: dejo de correr y comienzo a caminar. No cuento los dos y pico anteriores porque fue por las circunstancias del terreno, no por mi situación personal. Ni siquiera en la carrera de Écija, que fue en la que más sufrí, llegué a esa situación: entonces eran dolores más agudos pero me encontraba más cerca de la llegada, a base de apretar los dientes acabé como pude. En esta ocasión no es dolor, es la sensación de impotencia de que mis intentos por tratar de correr apenas dan fruto, voy prácticamente al mismo ritmo que si estuviera andando.

...EL MAR (INTENTABA)
BAÑAR MIS PIES...
Los tramos en los que camino en vez de correr son intercalados, es cuando aprovecho para charlar con otros "correandadores" a los que alcanzo. Todos vamos igual de reventados, la playa se ha cobrado su tributo y ha sido capaz de vencernos a medias. A uno de los que adelanto va ya tan roto que le da igual que las olas le empapen completamente los pies, trata de llegar arrastrándose más bien con los restos su voluntad que con los de sus fuerzas, ya prácticamente agotadas. Una vez que llego al último avituallamiento en el kilómetro 27  me propongo ya no parar de correr con excepción del tramo de arena blanca que hay cuando se abandona la playa y se entra en el paseo marítimo.





...CORRIENDO POR MI MEDALLA
DEL DESAFIO DOÑANA FINISHER

Si ya en los últimos kilómetros he notado que hay más gente en la playa que nos anima, algo que se agradece mucho a estas alturas de la película, los dos últimos kilómetros en el paseo marítimo son muy gratificantes: todo el mundo te aplaude y reconoce tu esfuerzo, saben lo que llevas a tus espaldas y el mérito que tiene. Cada paso cuesta ya darlo una barbaridad, pero sé que son los últimos para lograr el reto. Empiezo a escuchar de fondo la megafonía, entro en el tramo de vallas y en la alfombra... Cruzo la meta ondeando la gorra que me ha acompañado todo el verano, protegiéndome del sol: ¡SOY FINISHER!


Como si fuera una estrella en vez de un corredor del montón, el speaker me entrevista. Aparte de decir que estoy contento por haber acabado y lo duro que ha sido correr con la marea alta, poco más puedo añadir. Cuando me pregunta si es mi primer Desafío Doñana, le digo que ya el año pasado hice la natación. La siguiente pregunta es obvia: "¿para el año que viene la bici?". No tengo la respuesta definitiva, la euforia tras el Olímpico Pirata me lanzaba a pensar en hacerlo el año que viene completo, pero después de la paliza de la carrera dudo de si es mejor dejarlo para dentro de dos años.

Un rato después mía llegó Antonio, reventado pero muy contento de haberlo logrado. A Manu ni le vi, cuando miro en la clasificación provisional los tiempos de su equipo y de su parcial me lo imagino ya camino de Sanlúcar en autobús. Luego resultó que estaba en la misma larga cola para coger el autobús que yo (en este aspecto la organización tiene que seguir mejorando), pero él sí pudo ir en los todo terreno por la playa, a mí me tocó ir por Sevilla y llegar a Sanlúcar ya de noche, pasadas las diez y media. Menos mal que tuve la suerte de tener un ameno compañero de asiento, David, inglés y por casualidad residente en Fuentebravía. Aparte de comentar la experiencia e intercambiar impresiones de múltiples planes, nos intercambiamos los móviles, y al día siguiente por casualidad me lo encontré y conocí al ciclista de su equipo, americano, ¡que  vive en la misma calle donde yo veraneo! ¡Lo que son las casualidades de la vida! David, if you read this, you can write a comment in english, i will be pleased to reply you alike.


Resultado de imagen de cuadriceps ejerciciosLas sensaciones, como os podréis imaginar, son contrapuestas: muy contento por haber sido capaz de acabar una prueba de este calibre, aunque un poco insatisfecho con el tiempo (3h 17') y con el hecho de haber hecho una parte andando, lo cual no entraba en mis planes. Como atenuante no contaba con el obstáculo de la marea alta, que a pesar de frenarme no consiguió vencerme del todo y logré llegar aunque fuese a duras penas. Lo considero un buen ensayo para la maratón, ya sé que además de reforzar las rodillas necesito fortalecer los cuadriceps, en la bici también son mi caballo de batalla para progresar, que es en definitiva el objetivo primero y último de todo este camino. 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

TRAS UN DOBLE EMPACHO, AHORA TOCA REPOSAR PARA EL POSTRE






Según los que saben de deporte más que yo (osea, prácticamente cualquiera que esté metido en este mundillo), la semana antes de una prueba importante como el Triatlon de Chiclana se debe de descansar e ir reduciendo progresivamente la duración e intensidad de los entrenamientos, para llegar preparados a la línea de salida y lo más fresco posible. Sin embargo en esta ocasión he sido poco obediente, ya que al haber estado esta última semana de vacaciones la he aprovechado para entrenar mucho y, cuando ha sido posible, en buena compañía.





Así que de "aperitivo" el lunes me metí entre pecho y espalda 42 Km. en bici por los carriles cercanos a Rota, más o menos por donde fue el sector ciclista del Olímpico Pirata de Los Merones. El martes unas "tapitas" de natación por la mañana, y de "merienda" corrí por la playa 12 Km. a las 7 de la tarde, con un calor bochornoso que me dejó bastante fundido (menos mal que las previsiones para el 17 son más o menos de temperaturas templadas), el miércoles los "entremeses" consistieron en una nueva "ración" de bicicleta junto a Dani y Alvaro desde Jerez/Gibalbin ida y vuelta (66 Km.), con el ineludible mollete de avituallamiento, el jueves un "desayuno" muy tempranero a las 8 de la mañana Con Diego, Dani y Alvaro  de 15 Km. toruñeros (como Antonio Morales, yo también echaré de menos los rodajes veraniegos por este maravilloso sitio), el viernes repetí las "tapitas" natatorias, y por si no había tenido bastante, el sábado tuve un "plato combinado" en el gimnasio OK Fit de Sanlúcar: unos pocos largos en la piscina, un rato de bici estática, otro corriendo en la cinta y para finalizar una sesión de abdominales. 





Otra máxima pre-competición importante es la carga de hidratos, y ésa sí que la cumplí a base de bien: entre el viernes y el sábado tuve tres cumpleaños y un santo (¡dos dobletes en dos días consecutivos!), así que me cargué de hidratos, lípidos, proteínas y todo lo que pillé por el camino. Y de beber también hubo hidratación con agua e isotónicas... y zumos, batidos, cervezas, copas largas y lo que se terciara. Yo creo que cuando llegué el domingo por la mañana a La Barrosa estuvieron dudando entre dejarme entrar en boxes o embarcarme y colocarme de boya, je, je.





Pues con esa preparación específica tan apropiada me planté el domingo con Pilar a buena hora con todos los tri-avíos correspondientes, con tiempo para colocarlos correctamente y saludar a los tri-amigos presentes: Oscar, Jonathan, Antonio Mariscal, Manu, Tomás, Dani, Alvaro... y a Emilio, a quien tuve la suerte de por fin poder conocer en persona y verlo en su salsa, después de todo lo que le ha tocado pasar. Ahora le toca disfrutar y olvidarse de los malos momentos, la temporada que viene ya será otra historia.



De la organización de la prueba no tengo nada que reprochar, salvo un detalle que se les escapó: haber guardado un minuto de silencio por el décimo aniversario del 11-S (algo que sí hicieron en otras pruebas deportivas ese día), o por el accidente de aviación del equipo de hockey sobre hielo. Así que antes de comenzar la crónica propiamente dicha, ya que ellos no lo hicieron guardaré yo al menos ese minuto a título particular.







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Nos echamos todos a nadar en una salida más limpia de lo que me esperaba, pasé la primera boya sin recibir demasiados "tri-saludos efusivos". De camino a la segunda boya, por tradición e inercia, la mayoría de los que vamos nadando juntos seguimos las boyas amarillas paralelas a la costa, cuando la segunda boya de giro estaba más cerca de la costa. A mitad de camino alguno de los que iba en cabeza se da cuenta y corrije el rumbo, los demás le seguimos como patitos obedientes. Así que de propina nos llevamos un buen puñado de metros nadados de más (¿50?, ¿100?...). Espero que me sirva de escarmiento para tener más "personalidad" y no dejarme llevar por "la gente", pero rodeado entre tanto gorro blanco moviendo los brazos y salpicando es difícil poder mirar y orientarse. Salgo del agua en 17 minutos y medio, ¡tanto entrenar para perder luego tiempo de una manera tan tonta!




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Veo a Manu un poco por delante mía, me sirve de referencia para saber que no lo he hecho mal del todo. Hago lo más rápido que puedo el camino hasta boxes, echo de menos los barreños para quitarme la arena de los pies, me tengo que conformar con frotar las plantas en las tarimas de madera. Al ir esta vez (espero que sea la última) sin trimono pierdo un poco más de tiempo al tener que ponerme la camiseta, con mis botines los calcetines son también necesarios, y sigo sin entrenar lo de las gomas, así que salgo claqueteando con las calas y me monto con mi estilo patatero tras cruzar la línea azul. Mi tortugo-T1 es de casi cuatro minutos, verdaderamente penosa. Empiezo a pedalear a mi ritmo, el circuito es muy recto, con continuos toboganes. Las bajadas y las glorietas intermedias las hago bien, los giros de los extremos con mucha prudencia, despacito y con buena letra, y en los pequeños repechos me quedo muy clavado, tengo menos potencia que un Seiscientos o un "cuatro latas".




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A la ida veo los grandes y rápidos grupos que forman los buenos ciclistas, los cuales me empiezan a doblar antes de acabar la primera vuelta. Entre los máquinas que me  doblan y los que en bici me recuperan lo que les he sacado nadando y me adelantan veo más traseros que un asiento del metro o del autobús. Durante casi todo el sector de bici un chaval de cadetes, un veterano ya curtidito y yo nos adelantamos sucesivamente (ellos a mí en las subidas y yo a ellos en las bajadas). La ánecdota de la jornada se produce en la segunda vuelta: mientras me dobla/adelanta un grupo por la izquierda, trato de soltar mocos por la derecha, pero resulta que un "outsider" del grupo decide adelantarme por la derecha y se lo come enterito. Me da mucho apuro, le pido perdón a voces, no sé si me escuchó. En la tercera vuelta me alcanza Álvaro y ya hacemos lo que queda de recorrido hasta la meta junto con el veterano y otra mujer que alcanzamos al final. Mi parcial de bici es peor de lo esperado (casi 40 minutos), es lo que tengo que trabajar más porque es donde me he quedado más descolgado, pero ahora con la preparación del maratón la cogeré menos hasta marzo.



Salgo a correr después de una T2 medio presentable (1' 40"" : ¿por qué no nos dan ese dato en las clasificaciones?). Contaba con que Álvaro, mejor corredor que yo, me adelantara nada más salir, pero esta vez la lotería del flato le toca a él. Si ya en el Olímpico Pirata conseguí correr sin sufrirlo yo, en esta ocasión además tengo aún suficiente fuerza en las piernas para apretar un poco. Gracias a eso alcanzo al cadete del tramo de bici (se me escapó un poco en la última vuelta), adelanto a unos cuantos y me desdoblo de otros. Entre los pocos que me adelantan está Jesús, al que no había visto en la salida. En este tramo da tiempo a saludar a los conocidos y ver más o menos por donde andan y cómo van. También me da tiempo a saludar a Sonia, la novia de Óscar, que me saca esta foto. ¡Gracias, guapetona! La carrera a pie es el sector que mejor hice de los tres (22' 25") , me sirvió para mejorar el tiempo total de Sevilla aunque por menos de lo esperado (sólo un minuto): hice 1h 25' 11", cuando creía que me iba a acercar bastante más a 1h 20'.



Está claro que mi mejora ha sido pírrica, debido al despiste nadando y por la falta de fuerza en las subidas de la bici. Como aún me considero en fase de formación o aprendizaje, tomo nota para tratar de mejorar esos aspectos de cara a los triatlones del año que viene. Al no tener bici de montaña, la temporada de duatlón cross para mí de momento no cuenta, sólo me queda rematar el verano con la "carrerita" playera del Desafío Doñana para luego empezar el otoño con las medias maratones pero con una meta muy clara: LA MARATÓN.