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martes, 28 de diciembre de 2010

ENTRE COMILONA Y COMILONA, ENTRENAMIENTO QUE TE CRIO





Difícilmente se puede resumir en menos palabras en qué están consistiendo estos últimos días del año, los cuales los estoy pasando en Granada disfrutando de unas minivacaciones. Como todos los años y al igual que os pasará a la mayoría de vosotros, se acumulan las comidas y cenas con familiares y amigos. Hemos pasado de la carga de hidratos a la sobrecarga de hidratos, proteínas, grasas y lo que encarte, todo ello regado con vino, cerveza, cava, refrescos y, a veces, ¡incluso hasta agua! 





 Pero en mi caso, a diferencia de otros años, los ratos libres entre una comida y otra no los paso sentado haciendo la digestión, viendo la tele o leyendo, sino que a poco que encuentro un hueco me "escapo" a quemar esos excesos hipercalóricos, con el fin de evitar que se me incorpore a mi equipación un flotador intramuscular. Me adelanto a los famosos objetivos de principios de año, y acabo éste tratando de entrenar más y mejor.






Estoy por lo tanto haciendo un ciclo de entrenamientos bastante completo, rotando las tres disciplinas. En una piscina pública de aquí es donde practico la natación. Últimamente me he empecinado en intentar de mejorar mi velocidad, sin haber obtenido resultados significativos, y tengo un poco abandonada la resistencia. Espero que el curso de técnica de natación que haré en Enero y en Febrero me permita mejorar en el agua, siempre será más fácil cortar la mantequilla con una navaja que con un martillo pilón.






 Me he traído mi bici en el coche, es el primer viaje que hace conmigo. Para resguardarme del frío, compré antes de venir un par de perneras que me están permitiendo pedalear con comodidad teniendo las piernas bien abrigadas. He conseguido hacer un entrenamiento completo de 50 Km. sin incidencias, rompiendo el gafe de las últimas veces (subidas de gemelos, rotura de cadena, pinchazo...) Estoy aún lejos de las velocidades medias que me he marcado alcanzar, pero lo importante ahora es acumular volumen e ir acostumbrando la musculatura, el ritmo ya irá dando señales de vida más adelante.





Como siempre, los mejores entrenamientos tanto en cantidad como en calidad están siendo los de carrera a pie. Espero algún día poder dedicar una entrada en exclusiva a las idóneas condiciones que tiene Granada para correr, como anticipo os dejo esta entrada del blog de Las Verdes, lo explican tan claramente que no creo poder añadir mucho más. He tenido además la suerte de poder cumplir mañana con otro objetivo que no tenía apuntado en el blog: poder participar en una carrera en Granada. Será mañana, en Otura, unos 6 Km. aproximadamente. Ya os lo contaré en la primera entrada del año que viene.





Y como ésta es la última entrada de este año, es el momento de desearos a todos vosotros un FELIZ AÑO NUEVO, que lo empecéis con ilusión, que se cumplan vuestros deseos, que siempre estéis rodeados de buenas noticias y alegrías, y que mejoremos todos como personas, para que poco a poco consigamos que este mundo sea un sitio mejor y más justo donde vivir. ¡Ah!, ¡Y QUE SE ACABE DE UNA VEZ POR TODAS YA LA DICHOSA CRISIS!, que ya está bien, que llevamos demasiados años soportándola y viendo sufrir a mucha gente que no se lo merece, y ya va tocando volver a vivir con un poco más de tranquilidad, ¿no os parece?



jueves, 23 de diciembre de 2010

EN EL PAIS DE LOS CIEGOS, EL TUERTO ES EL REY



Finalizamos este resumen del año "por fascículos" con la última disciplina parcial, la carrera a pie, que es en la que más entrenos he realizado y donde en más pruebas he competido, además de ser en la que mejor me desenvuelvo (traducido: donde soy menos "paquete"). Es evidente lo que voy a decir, pero nunca está de más recordarlo: de las tres partes del triatlon, es la más fácil de entrenar. Allá donde vayas, basta con llevar tus zapatillas, medias/calcetines, calzonas y camisetas, y a lanzarse al parque, carril, bosque o lo que tengas más cercano. No hay que desplazar la bici, un poco engorroso en el coche por no mencionar otros medios de transporte, y no estás tan limitado en cuanto a sitios donde entrenar como la natación (playa, piscina y poco más, lo de los lagos y ríos es testimonial).




Como en el resto de los otros deportes, llevaba varios años entrenando, pero en este caso con mayor frecuencia y volúmenes más considerables. Y eso a pesar de que en Sevilla suelo correr más bien poco (aunque vivo cerca de un parque), pero los fines de semana tanto en Granada como en el Puerto es un cita ineludible, y si voy de viaje a cualquier lado (Salamanca, Alicante, Almuñécar, Alcalá de los Gazules...) siempre es un aliciente correr por sitios nuevos.





La única carrera que me había planteado algún año hacer era la Nocturna del Guadalquivir, pero unos años no me veía aún preparado, en otros la fecha era incompatible con otros planes... Eso sí, este año no ha faltado en mi calendario, además de bastantes pruebas más, siendo en cada una de ellas evidentemente la primera vez que participaba.






Las primeras carreras que hice fueron en verano, el cross de Costa Ballena, las playas de Rota y el Pinar de los Franceses en Chiclana. Recorridos no muy largos, entre 5 y 8 Km., donde comencé a comprobar que las carreras populares arrastran a muchos más participantes que las de natación o las combinadas. Fui aprendiendo poco a poco a regular los esfuerzos, con un ritmo ligeramente por encima o por debajo de los 5'/Km., quedando siempre cerca de la mitad en la clasificación.




En Octubre las carreras fueron de entre 7 y 12 Km.: la del Pilar en Montequinto, la Nocturna del Guadalquivir y la Popular de Gerena. La Nocturna fue una experiencia vivirla, con 20.000 corredores, ambientazo, llegada al Estadio Olímpico... Las otras dos siginificaron una mejora tanto en tiempos (rondando los 4' 30"/Km.) como en la clasificación (alrededor del doble de corredores por detrás que por delante), demostrando que lo entrenamientos iban dando resultados.






En Noviembre volví a conseguir un nuevo avance, en este caso en cuanto al nivel de las pruebas realizadas: estaba preparado para disputar la Carrera de Fondo del Aljarafe (15 Km.), pero una inoportuna lesión en un dedo me lo impidió. Si que hice y acabé mi primera media maratón en Camas, y a la semana siguiente otra carrera de 15 Km. en Alcalá de Guadaira, las cuales ya cuentan con entradas propias en este blog. En ambos casos, cumpliendo con el objetivo y por lo tanto satisfecho por haberlo conseguido.






Diciembre ha contado con dos carreras, la carrera de Navidad en el Parque de los Príncipes, más bien una pequeña fiesta que una carrera en sí, y mi segunda media maratón, la de Los Palacios, la cual ha sido un buen colofón. Está por ver si localizaré alguna San Silvestre en Granada o alrededores para cerrar mi primer año competitivo de la mejor forma posible, haciendo esta última carrera, y preparándome para empezar 2011 también a buen ritmo, que el calendario de Enero promete... Ya os iré contando por aquí.





Pues ahora ya sí, desearos a todos los que le dais sentido a este blog leyendo estas líneas, a los que ya os conozco o a los que aún no hemos tenido la ocasión, a los que compartís mi afición al deporte o a los que habéis llegado aquí por ser amigos o parientes míos o por simple curiosidad, a los que os tengo más cerca o a los que estáis más lejos, a todos de corazón os deseo una FELIZ NAVIDAD, y aprovechar la ocasión para daros las gracias por seguir mis batallitas, y por tener paciencia para leer las parrafadas que suelto.  Que disfrutéis estos días rodeados de vuestra familia y amigos, los que seáis deportistas aprovechad el tiempo libre para entrenar y no os paséis con las comidas ni con el alcohol, pero eso sí, divertíos como el que más.


Antes de Año Nuevo espero dar señales de vida por aquí. Hasta entonces, un abrazo y hasta pronto.

lunes, 20 de diciembre de 2010

BUENA GUINDA PARA EL PASTEL

Con el buen sabor de boca que me ha dejado mi primer año compitiendo, para alguien tan goloso como yo hacía falta rematar el menú con un postre de rechupete, y una media con la categoría y la solera que tiene la de Los Palacios era una elección muy apetecible. Si a esto le añadimos que el tiempo acompañó a pesar de las fuertes lluvias del día anterior, al fenomenal ambiente debido a la gran afluencia que atrae esta prueba, la buena compañía tanto antes como después de la prueba y a que el resultado obtenido fue verdaderamente satisfactorio, podréis comprender que aún esté relamiéndome el paladar.




Llegué con Pilar a la salida y me puse a buscar a Luisfi y a su mujer Cristina para que ellas dos se fueran juntas a Los Palacios. Con tanto jaleo de gente, recogida del chip, saludos y fotos con Carlos de Últimos Metros y Óscar... apenas tuvimos tiempo de calentar en condiciones. No fue demasiado problema, porque como hacía buen tiempo, y al ser una salida tan multitudinaria, el calor humano hizo que el tiempo de espera hasta la salida fuese muy llevadero.




Dan  el pistoletazo, estoy bien situado y como siempre me emociono al principio y me embalo más de la cuenta (los dos primeros Km. en menos de 4' 40"). Hasta el 5 sigo a un ritmo bastante bueno, en el 6 tengo un pequeño bajón, y la cuesta del 7 la supero bien dentro de lo que cabe. El 8 fue regular, pero en el 9 veo a un corredor con el que ya coincidí en Camas y en Alcalá de Guadaira.  No lo conozco personalmente, pero de buen rollo en mi fuero interno lo denomino "El Coleta" por su larga cabellera (no te lo tomes a mal si por un casual acabas leyendo ésto). Siempre queda delante mía por poco, regulando mejor que yo, así que decido esforzarme y juntarme a él todo el tiempo que aguante.




Aguanto su ritmo durante 3 Km., y los hago a una buena velocidad, por debajo de 4' 30"/Km. En el 12 se me escapa, aguanto hasta la cuesta del 17 bastante bien, más o menos a 4' 50"/Km. La cuesta tampoco se me atraganta demasiado, y una vez que entro en el pueblo los ánimos del público asistente me ayudan a mantenerme cerca de los 5'/Km. Llego a meta bastante más entero que en Camas, y mejoro mi marca en más de 5 minutos. ¡BIEN HECHO!


La organización de la prueba fue buena dentro de lo que cabe, con tantos participantes es muy meritorio sacarla adelante sin ningún error grande que mencionar. Había muchos voluntarios, tanto en los avituallamientos como a la llegada, nunca me cansaré de elogiar su trabajo. Lo que me pareció que fue un fallo a mejorar es que anunciaran isotónicas en los avituallamientos y ¡chocolate! (¡con lo que me encanta!) en la bolsa, y luego no cumplirlo. Tampoco me gustó que cuando llegué a meta (casi en la mitad de la carrera, sólo un poco más atrás) no quedaran ya ni pizza ni bebidas isotónicas, esos detalles hacen un poco feo.



Otra cosa que eché de menos fue conseguir ver a toda la gente que me hubiera gustado: no logré conocer a Olmez-Koala ni a Antonio-Triglobero, tampoco me encontré esta vez a Fernando-Tragabuche, y con Óscar-Tricaletero, Lay y Carlos-Últimos Metros estuve muy poco tiempo. Sí que conocí a Jonathan-Little John, y me encontré con muy buena gente que ya conocía de antes de correr: María Cano, de scouts, Adrián y Jose Enrique, ex-compañeros de trabajo, Fernando Gálvez, del Banco Gallego...

Ha sido un buen colofón a este año deportivo tan especial donde por fin me decidí a apuntarme a competir y a contaros mis batallitas en este blog. A no ser que localice alguna San Silvestre por Granada y alrededores, ya sólo me queda seguir entrenando para encarar 2011 de la mejor manera posible, afrontando nuevos retos y superándome tanto en marcas como en distancias. Espero lograr alcanzar mis objetivos y seguiros contándolo aquí.


No os deseo aún Feliz Navidad y Año Nuevo porque aún me queda mi último resumen, el de las carreras.
¡Hasta la próxima!

jueves, 16 de diciembre de 2010

SIN COMPLEJOS SE LLEGA LEJOS

En este anunciado resumen del poco ciclismo que he hecho este año, una de las cosas que os explicaré es el otro título que tenía pensado para este blog, a lo mejor más realista y con menos florituras: Triatleta sin Complejos. Y este significativo nombre lo hubiera adoptado no sólo por el modesto nivel comparado con el resto de los competidores, sino por mi falta de inhibición de acudir a las pruebas sin la vestimenta específica ni el material más adecuado. Como dijo Pierre de Coubertain, "lo importante es participar".




Mi primer contacto con la bicicleta, como muchos de vosotros si sois más o menos de mi generación, fue de pequeño con las típicas G.A.C. y Motoretta. Me costó un poco pasar de las cuatro a las dos ruedas, pero cuando me solté me gustó bastante, y ahí fueron mis primeros pinitos con la resistencia: ¡un día en la playa no se me ocurrió otra cosa que darle 100 vueltas a la manzana sin parar! Cuando llegué a la adolescencia, hice la misma tontería que mucha gente: dejé la bici por "ser cosa de niños chicos".



Desde hace varios años he tenido la tentación de volver a ella, pero nunca faltaba una excusa para posponerlo: unas veces era la falta de tiempo, en otras lo era la de dinero, y siempre estaba el problema de dónde guardarla. Aun así la entrené un poco en mis escasas visitas al gimnasio, y no se me daba mal del todo la estática. Ya el año pasado empecé a aprovechar las bicis de alquiler de Sevici, bastante pesadas y con un cambio muy rudimentario, pero un poco más cerca de la realidad al ser al aire libre.




En mi debut en el Triatlon de Sevilla, ya os conté mis peripecias con la MTB de mi amigo David, y ahí empecé a decidirme a comprar una de carretera. Esperé a las rebajas de verano, pero me seguían pareciendo caras. Me puse a mirar las de segunda mano, tampoco terminaban de convencerme. Para seguir entrenando en la playa, tuve la suerte de poder aprovechar la bici plegable de mi hermana. Era digno de verme por el arcén de las carreteras, y la cara de flipados del resto de ciclistas al cruzarse conmigo. Me imagino lo que pensarían de mí: ¿a dónde va el loco ese?



Entre pitos y flautas, no compré la definitiva hasta mediados de Octubre, ya con las tardes muy cortas, y eso me ha limitado bastante para entrenar con ella. Es un poco básica, pero con una relación calidad-precio muy razonable. Tengo claro de todas formas que me sirve de sobra para mis primeros pasos en el reencuentro con el ciclismo. Mientras no mejore bastante, a una bici más avanzada no le sacaría el suficiente provecho.




Como podéis comprobar, mi currículum en cuanto a bicis que he utilizado es de lo más variado y pintoresco. Pero si no hubiera ido dando esos pequeños pasos, no habría llegado a estar escribiendo esto ahora. Si me hubiera dejado vencer por el miedo al ridículo, al que dirán, al vaya pinta que llevo, me habría quedado sin probar este maravilloso deporte. Y eso os lo dejo como reflexión: cuando luchas por tus metas, por tus objetivos, por tus sueños, no siempre se consigue a la primera. Pero no hay que tener miedo al fracaso, ni a la caída, ni a la críticas, porque la alegría y la satisfacción de conseguir tus logros empequeñecerá luego los malos sabores del camino.

lunes, 13 de diciembre de 2010

PASADO, PRESENTE Y FUTURO SE DAN LA MANO


Pues sí, ahora que se acercan estas fechas tan especiales y entrañables, la mañana de ayer domingo me recordó al "Cuento de Navidad" de Charles Dickens, con la diferencia de que servidor, aunque tenga sus cosas, no llega al punto misántropo y tacaño del protagonista, y a que en mi caso las tres divisiones clásicas del tiempo no se me apareceieron en forma de fantasmas amenazadores, sino como parte agradable de la realidad.




Todo ésto sucedió en la festiva, amena, familiar y simpática prueba que disputé, la V Carrera de Navidad, organizada por el IMD de Sevilla, con salida y llegada en el pequeño a la par que coqueto Parque de los Príncipes, y recorrido por las calles del barrio de los Remedios. Una prueba con un ambiente muy agradable, mucha animación, dedicada a un fin benéfico (obtención de fondos y difusión de la Federación Española de Enfermedades Raras ) y con sorteos y todo para los participantes tras la llegada a meta (¡jo!, a mí no me tocó nada, a ver si el año que viene hay más suertecilla).



En cuanto a la carrera propiamente dicha, son algo menos de 3.000 metros que me tomé como un entrenamiento de velocidad (los hice en 12' 25"), con un poco de atasco a la salida del parque por la estrechez de los primeros metros, sin intención competitiva: todos con la misma camiseta, el gorro de Papá Noel (¡y eso que yo soy de los Reyes Magos!), y por tanto con ambiente desenfadado y fiestero, parecido a la Nocturna pero en pequeñito (corrían niños, ¡hasta perros!, algunas pelucas, barbas postizas y disfraces...). Fue muy divertida, sólo comentar que veo muy bien que algunos padres y madres quisieran hacer la carrera con el carrito de bebé y su hij@ disfrazado, pero por prudencia sería mejor que salieran desde la cola de la carrera, porque en la salida alguno que venía desde atrás más rápido y no había tenido tiempo de verlos, por poco los arrolla.



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No se me había olvidado, ya va viniendo a cuento explicar el título de esta entrada: el nostálgico PASADO me vino en forma de recuerdos de cuando venía de chico con mis padres y hermanos a este parque los fines de semana a jugar y potrear, en el recorrido al pasar por la casa donde vivían mis abuelos y tantos fines de semana me quedé con ellos y, ya de mayor, los visitaba de vez en cuando pero tal vez menos de lo que debiera, y en el reencuentro gracias al deporte con un viejo amigo del colegio y de montañeros, Luisfi, un tío de lo más buena gente que te puedes echar a la cara, médico de profesión pero de vocación última ser libre financieramente, motivo por el cual tiene un blog y ha editado un libro y todo.


Por su parte, el siempre vivo PRESENTE apareció como es obvio en la práctica de mi afición favorita, el deporte, y en la compañía y reportaje fotográfico de mi paciente Pilar, a la que tantos madrugones le obligo a darse en Domingo. Y el incierto y prometedor FUTURO hizo acto de presencia en los planes para la semana que viene para la media de los Palacios, pero sobre todo en la figura de mis queridas sobrinas, me hacía ilusión que la carrera pasara por delante de su casa para que me vieran corriendo. Si ya en Chiclana, en el Acuatlón y en la carrera del Pinar de los Franceses había disfrutado de la compañía de María, en esta ocasión quienes estuvieron conmigo fueron Carmen y Blanca junto con su padre a la par que hermano mío Mariano. María es ya una gran nadadora, y a Carmen le encantan los caballos, además después de la carrera de ayer quiere también correr, así que el futuro del deporte femenino andaluz está asegurado.





Ya veis lo que ha dado de sí esta breve carrera, ni aun así logro hacer una entrada corta. En el resumen de la bici no tendré más remedio por lo poco que hay que contar al respecto. Pero estando yo al teclado, nunca se sabe...

jueves, 9 de diciembre de 2010

DOS ENEMIGOS INTIMOS CONDENADOS A ENTENDERSE

Continuamos con el repaso a mi primer año competitivo, y lo hacemos en el orden oficial de los tres deportes triatléticos, así que por lo tanto ahora es el turno de la natación. De las tres disciplinas, es en la que me veo más limitado, pero paradójicamente la que más satisfacciones me ha dado por los avances conseguidos y por las sensaciones vividas. Mi relación con ella, durante muchos años, ha sido de mutua ignorancia, cual si de otrora España y Portugal se tratase. En mi infancia era muy canijillo (tampoco es que ahora sea precisamente un He-Man), y aprendí a nadar lo justo para no ahogarme, mientras envidiaba cómo mis primos Borja y Ana se hinchaban a ganar medallas nadando cada verano (eso sí, sus buenas palizas entrenando que se daban bajo la estricta supervisión de su abuelo).


Con el paso de los años, leo artículos ensalzando los beneficios de la natación para la salud: deporte muy completo, sin carga sobre las articulaciones, sin riesgo de deshidratación, etc. Veo también cómo mi hermano Manolo disfruta compitiendo en pruebas populares de aguas abiertas. Me voy concienciando que merece la pena darse una segunda oportunidad. Empiezo en verano a practicar principalmente en piscinas, a aprender a intercalar la respiración entre las brazadas, y compruebo que tampoco es tan difícil como parecía. Cada año voy aumentando el volumen, consigo ser un fondista solvente, si bien con un ritmo muy discreto. Mis comienzos este año en la competición coincide además con la extensión de los entrenos a todo el año gracias a las piscinas cubiertas.


El día de mi debut en el Triatlon de Sevilla, me dan un folleto de información sobre el Desafío Doñana. Cuando lo leo y me fijo en las distancias (169 Km. en bici, 1 Km. de natación y 30 Km. de carrera), lo descarto directamente de mi cabeza, veo aún muy lejos el tener capacidad para afrontar una prueba así. Pero al mes siguiente me llega un e-mail informativo en el que explican además la modalidad de relevos, y éso ya me cuadra mucho mejor: tengo dos compañeros de trabajo muy aficionados también al deporte, Pedro como ciclista (también ha sido triatleta) y Diego como corredor. Les propongo la idea y les gusta, así que decidimos afrontar el reto.


Cada uno por separado dedica los tres meses de verano para entrenarse a conciencia. En mi caso particular, me corresponden 2.800 metros en el río Guadalquivir. La distancia no me asusta demasiado, ya he nadado 2.000 metros seguidos en piscina. Lo que más me inquieta es el nadar en aguas abiertas y las posibilidades de corrientes. Además de entrenar para aumentar el volumen, me propongo también mejorar la técnica y la velocidad. Voy consultando en Internet, y veo que con pequeños cambios se obtienen mejoras significativas. Cronometro los parciales, planifico las cargas semanales, hago un seguimiento de la distancia acumulada... Nunca antes me había tomado los entrenamientos tan en serio.


Me queda por superar la parte subjetiva del reto: las aguas abiertas. Me dedico a entrenar el nadar hasta las boyas ida y vuelta, luego a nadar de una boya a otra... Poco a poco voy cogiendo confianza y aumentando el tiempo, y lo que antes era miedo e inseguridad ahora es libertad y relajación. No sé si los que lo habéis probado habéis sentido algo parecido, pero esa soledad, ese silencio, el vaivén de las olas en tu cuerpo, meciéndote, acompasar las brazadas a esa rítmica subida y bajada...  Sentirte libre y pleno, dueño de ti mismo, a merced del mar pero también capaz de manejarte dentro de él...


Dejo la poesía a un lado y retomo el tema que corresponde, la natación. Noto las mejoras en mi ritmo, aunque tampoco me hagan adelantar mucho en las clasificaciones, en las travesías de Costa Ballena, Rota y Valdelagrana. Estas pruebas me permiten conocer a más buena gente deportista: Carlos e Irina, corredor él y nadadora ella, muy jóvenes (¡qué envidia no haber empezado antes!), desbordando simpatía e ilusión por todos los poros de sus cuerpos. Por cierto, también tienen un blog muy majo.


SUFRIDORAS CONSORTES
Se acerca el día D, o mejor dicho el día DD (doble D por lo del Desafío Doñana, por si alguien no lo ha pillado). Es inevitable: por mucho que se prepare uno siempre a última hora surgen las dudas y las inseguridades: ¿estaré lo suficientemente preparado? ¿Será la corriente un problema?  ¿Hago bien en ir sin neopreno? El día antes llegamos a Sanlúcar para la recogida de dorsales y ver la Expo del Deportista. Esperando a Pedro para que pudiera hacer el check-in de la bici se nos hace tarde para el briefing. El sábado me comen los nervios y la impaciencia esperando mi turno. Me parecen todos los ciclistas iguales, con sus maillots, cascos, gafas de sol... ¡parecen clónicos! Por fin es Pedro el que llega, me pasa el chip para el tobillo, lo llevo puesto un poco flojo, espero que no se lo lleve la corriente. ¡Allá voy!




La suerte nos acompaña a los nadadores no sólo con el sol fuera, sino con una suave brisa del oeste que nos empuja en el primer tramo de ida. Hay bastantes boyas de señalización, no están demasiado lejos entre sí. Hacia el final del primer tramo, hay una boya muy escorada hacia la izquierda, desviada del trayecto normal. Los que van delante mía se la saltan, yo voy de legal y la hago. Después de la boya desviada, cuando me dirijo a la siguiente, comienza la confusión: el resto de los nadadores van cada uno para un lado, no hay quien se aclare. No sé si es la última de la ida o la primera de la vuelta. Busco las demás boyas y no se ven. ¿Qué  hacer? Decido tirar por la calle de un medio, y nadar directamente de nuevo hacia Sanlúcar. Espero encontrar las boyas y corregir la trayectoria. No tengo ningún nadador cerca de referencia, sigo adelante sin saber si lo estoy haciendo bien o no. Cuando ya estoy cerca otra vez de Sanlúcar, pregunto a una de las barcas de vigilancia si la boya que acabo por fin de localizar es la correcta para girar y empezar el tercer y último tramo, y me confirman que sí. Me dirijo de nuevo a Doñana, el tiempo se me ha pasado muy rápido y apenas tengo sensación de cansancio.


Cuando llego a la orilla, uno de los jueces me dice que tengo que girar sobre la bandera y comenzar el segundo tramo de nado. ¡Los giros de ida y vuelta no eran en las boyas, sino saliendo a la orilla y volviendo al agua! Es algo que no estaba bien explicado ni en el folleto ni en el PDF de la web, al faltar al briefing no lo había escuchado y los de las barcas tampoco las sabían. No me veo cruzando dos veces más el río, debo de llevar entre 2.500 y 2.600 metros y hacer eso sería llegar a los 4.300 metros, no sé si sería capaz, puede ser arriesgado, Diego me está esperando para empezar a correr y no quiero dejarlo sin participar.


Mentalmente considero que he hecho más del 90% del recorrido, y la información no ha sido demasiado clara (enlace al PDF, ved la página 7) Así que decido decirle al juez que ya era la segunda vez que llegaba a la orilla. Sé que este engaño no es muy correcto y en parte antideportivo, pero estamos en una prueba amateur, no por ésto vamos a ganar nada, simplemente la satisfacción de completar cada uno nuestro reto personal, y era injusto que mis compañeros no se sintieran finisher en parte por mi culpa y en parte por la información insuficiente. Quizás alguno critiquéis lo que hice, no os reprocho por ello, pero quería explicar lo que sentí y porqué actué así en ese momento. No tengo sentimiento de culpa, y en la evaluación de la prueba comenté esos errores a la organización para evitar que el año que viene pase algo parecido.


¡ZENKIU BERI MACH!
Como conclusión, Diego completó su recorrido, y los tres nos sentimos muy satisfechos de lo que habíamos logrado. Desde aquí agradecerles públicamente a ambos su colaboración en esta aventura, espero que lo pasaran igual de bien que yo, y desearles que cumplamos con el objetivo que les propuse: en las próximas ediciones seguir haciéndolo por relevos pero rotando para probar todos las tres partes (¡y que ellos no se equivoquen como yo!), y, quién sabe si éso será posible, al cuarto año hacerlo los tres en individual por completo.



Con independencia de que éso ocurra o no (esperemos que sí), seguiremos intentando mejorar en la natación. Es un deporte duro pero gratificante cuando ves tus progresos, y la sensación de liberar la mente y relajar tensiones mientras se practica merece verdaderamente la pena. Lo recomiendo para todo el mundo, para cada uno según su edad, tiempo disponible y condición física. Hay que tener en cuenta que, y no sólo en el triatlon, "el agua es el elemento y principio de las cosas" (Tales de Mileto)

domingo, 5 de diciembre de 2010

DEBUTANDO TARDE PERO A TIEMPO



Aprovechando que el año encara ya la recta final para llegar a meta, y el tiempo libre que deja el puente entre un entrenamiento y otro, quiero empezar mi "pequeño" (¡eso no se lo cree nadie!) resumen de este mi primer año competitivo. Debido a que tengo más tendencia a enrollarme que los spaguettis, voy a dividirlo por partes, por un lado las pruebas combinadas y por otro cada uno de los tres deportes que engloba el triatlón por separado. Así que vamos a ir comenzando ya, antes de que siga dándole más vueltas a la introducción.



Ya os comenté en mi primera entrada que desde siempre me ha gustado el deporte, si bien ha sido en los últimos años cuando me he ido sintiendo cada vez más atraído por las pruebas de resistencia. Tengo una buena base para ello de mis años de senderismo con la mochila a cuestas, en Montañeros, Scouts y en el Camino de Santiago. Llevaba ya un tiempo entrenando, cada vez más en serio, aunque con menos regularidad de la que debiera. La idea del triatlon cada vez rondaba más y más por mi cabeza, y después de conocer en mi trabajo a Pedro, que ya lo había probado durante varios años, estaba totalmente convencido de que era algo que tenía que probar.


La llamada definitiva a dar el primer paso llegó escuchando el anuncio en radio del Triatlon de Sevilla, para el 29 de Mayo. ¿Qué mejor sitio para debutar que en casa? Visito la web, y compruebo que hay varias distancias. Por prudencia y lógica, eligo para debutar la más corta y asequible, la Super Sprint (350 m. de natación, 10 Km. de bici  y 2,5 Km. corriendo). La considero muy adecuada para hacer una primera prueba y ver si es algo que me engancha. ¡Y vaya si me ha enganchado!


Para poder hacer mi debut, tengo un "ligero" inconveniente: ¡no tengo bici propia! Lo poco que la entrenaba había sido en un gimnasio y usando el servicio de bicis de alquiler de Sevilla. Tras tantear entre las personas conocidas, mi amigo David me deja la suya. Es un favor que no olvidaré nunca, si no quizás ahora no estaría aquí escribiendo ésto. Sigo entrenando hasta que llega la fecha, aunque como lo veo muy a mi alcance tampoco hago mucho más de lo que hacía antes. Esa confianza no evita que, conforme se va acercando el momento, los nervios por la incertidumbre ante algo nuevo me hagan bastantes cosquillas en el estómago en los días previos.


Llega la fecha señalada, todos los trámites previos los hago con tiempo y mucha curiosidad: recogida de dorsal, briefing, check-in, preparación del material... Éso me da bastante tiempo para ver el ambiente que rodea a este mundillo, lo veo sanote y divertido, pero por otra parte me acomplejo un poco al verme rodeado de tanto "máquina" con un físico mucho mejor preparado y una equipación más presentable. Me tranquilizo algo cuando voy viendo a la gente de mi categoría, son más normales físicamente y se nota que no soy el único principiante. Ya se acerca la hora de la salida. Me despido de Pilar, que me desea suerte. La dejo con la cámara para que quede recuerdo gráfico de esta pequeña locura que voy a hacer. Entramos en el río y nos colocamos para salir, todos a mogollón. Estoy deseando que empiece todo para comenzar a probar de qué va ésto.

¡Por fin dan la salida! Las primeras sensaciones no son nada agradables: se me sube un gemelo de la tensión, me agobio con los continuos empujones, y veo que mi ritmo de nado es más bien malillo comparado con el resto. Atasco en las dos primeras boyas, y luego comienzo a recibir manotazos en los pies, ¡alguien quiere pasar por encima mía! Llego por fin a la orilla, medio mareado. Me cambio con tranquilidad, prefiero recuperarme un poco: lo importante es acabar, el tiempo que haga me preocupa menos. En el tramo ciclista no voy precisamente mejor: es lo que menos he entrenado, la bici que tán generosameteme me ha prestado David es una MTB un poco antigua y pesada, y además el cambio de píñón no va bien y no consigo bajar a uno más pequeño. Voy de los más lentos, pero me lo tomo con resignación y llego de los últimos a boxes.

La carrera sé que es lo que mejor puedo hacer, pero los gemelos se me vuelven a subir nada más arrancar. A base de pequeños brincos, consigo dominarlos. Como las desgracias nunca llegan solas, un simpático flato decide acompañarme hasta meta para que no me sienta solo. Tirando de coraje sigo adelante como buenamente puedo, y  consigo llegar a meta. ¡YA SOY UN TRIATLETA!

 
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Los sentimientos son muy contrapuestos: estoy destrozado, pero muy satisfecho de lo que acabo de lograr. A pesar del cansancio, los dolores y el esfuerzo realizado, el subidón de autoestima y de confianza en mis posibilidades me deja bastante contento. Estoy a la vez vacío de fuerzas y lleno de ánimo. He quedado  de los últimos, y sin embargo me siento ganador de mi propia carrera. He vencido a la apatía del sofá, a la rutina de hacer siempre lo mismo sin probar cosas nuevas, a la comodidad de ver los toros desde la barrera, a lo fácil que es dejar pasar la oportunidad de luchar por un objetivo porque no vale la pena complicarse la vida.



¡VAMOSSSSS! ¡GO, GO, GO!
Está claro que no va a ser el primer y último triatlon que haga, pero antes quiero prepararme mejor para obtener resultados más presentables. En lo que queda de año, sólo pruebo con dos acuatlones, y en ambos con resultados muy discretos: en el de Chiclana medí mal mis fuerzas en la carrera a pie y me desorienté en las boyas, y en el de Rota la celebración el día antes del santo de mi hermana no me hizo llegar en las mejores condiciones posibles, el cóctel alcohol-comidas pesadas-pocas horas de sueño no es muy recomendable antes de hacer deporte. Lo más positivo que saco de estos acuatlones es conocer al Triatleta Caletero: gran triatleta, mejor persona, original y ameno bloguero y, como buen gaditano, con todo el arte y la gracia del mundo.


Encaro 2011 con muchas ilusiones puestas en mejorar lo hecho hasta ahora, preparándome a conciencia para retos más exigentes. Como en todas las carreras de fondo, lo importante no es como se empieza sino como se termina. Mi salida el primer año ha sido bastante floja, en este segundo toca consolidarse y empezar a remontar poco a poco.

Que ustedes lo vean y/o lo lean, y yo que lo logre y lo disfrute.