Pues al final sí pude hacer mi triplete veraniego, al igual que el año pasado. Ha sido un triplete trabajoso por los desplazamientos (a
Chipiona,
Chiclana y
Rota), trepidante por lo intenso (distancias cortas a ritmos por lo tanto altos), troceado por su reparto horario con doble sesión el sábado matutina y vespertina y el domingo por la mañana, y truculento porque habrá quien le parezca mucha tela, pero insisto en que es mucho más duro hacer una prueba más larga que tres cortas, teniendo tiempo para recuperarse entre una y otra y además alternando los deportes.

Los días previos, aprovechando las vacaciones, fueron de un volumen de entreno considerable, añadiéndoles además la calidad de la buena compañía: el lunes 65 Km. en bici desde
Jerez a
Gibalbín ida y vuelta con
Daniel, con un mollete de jamón serrano a mitad de camino como avituallamiento de lujo. El martes series de
¡14! repeticiones
¡14!, repartidas en
¡2 x 7! de cuestas en Rota junto a
David y sus compañeros de club Andrés y Alberto. Sólo les pude aguantar más o menos el ritmo en las 10 primeras, en las cuatro últimas me fundieron los fusibles con su gran nivel, y me arrastré como pude mientras ellos seguían subiendo como si por el cuerpo en vez de sangre les circulase Red Bull. Menos mal que David me dío una camiseta suya, porque la mía estaba más empapada en sudor que si la hubiese usado
Camacho. El miércoles hice otros 65 Km. en la bici, esta vez solo, entre
Fuentebravía, Rota,
Sanlúcar y Chipiona, acabando más flojo que las cuerdas vocales de la
Duquesa de Alba. Y el jueves, para recuperar un poco, 10 Km. de rodaje cochinero por la playa de Levante (pegada a
Valdelagrana) junto con
Antonio Morales, charlando y agradeciendo el nublado, para no sudar más todavía.
1º.- VI TRAVESIA A NADO "PICOCO-PLAYA DE REGLA" Ni bien, ni mal, sino todo lo contrario.
De las tres pruebas era la única que disputaba por primera vez, así que no tenía referencias de tiempo más cercanas que las otras travesías de este verano. La más parecida por la distancia (1.500 metros) fue el tramo a nado del
triatlón olímpico pirata de Rota, en el que hice 28 minutos. Con las salvedades de si la medición era correcta o si me ayudó la corriente (se nadó entera en la misma dirección), era el punto de vista desde el cual evaluar el resultado que obtuviese.

Cada vez que visito Chipiona es para mí una situación muy especial, por haber veraneado allí muchos años, prácticamente toda mi infancia y parte de mi adolescencia. Fue en la piscina de mis primos donde en un cursillo aprendí, más mal que bien, a nadar lo justo para no ahogarme. Era bastante paradójica la situación de venir a hacer esta travesía en la
playa de Regla donde, hasta que hice el mencionado cursillo, tenía que usar los tradicionales manguitos, flotadores o incluso la ya anacrónica burbuja de corcho. ¡Cómo cambia la vida!, ¿verdad?
Al igual que en muchos sitios de playa, el aparcamiento es bastante complicado. Me arriesgué a dejarlo en una calle ancha en doble fila (eso sí, con el freno de mano quitado), y volví a tener suerte: ni multa ni grúa. Espero que siga la racha, no está el horno para bollos. Ya en la playa una laaaaarga cola para pagar los 5 euros, recoger el gorro y que nos rotularan los brazos. La participación fue bastante elevada, hubo un total de 128 nadadores en categoría absoluta, y se veía que había muchos con un alto nivel y bien preparados, así que antes de empezar ya contaba con formar parte del furgón de cola.
De forma previa a que se disputara nuestra prueba, hubo tres travesías cortas de 100, 50 y 25 metros para menores de 14, 12 y 10 años respectivamente. Una iniciativa acertada de la que espero que cunda el ejemplo, para que desde pequeños le pierdan el miedo a este tipo de pruebas y no les cueste tanto de mayores atreverse con las más largas. Nos tocó salir con bastante retraso, pero en el fondo se agradeció, porque aunque la mañana se había levantado nublada y desapacible, conforme avanzaba poco a poco comenzó a salir el sol.

La salida en tromba como es habitual en este tipo de pruebas, hasta la primera boya leña a granel para después poder empezar a estirarse el grupo y tener hueco donde poder moverse. Las dos siguientes a la ida, las de color blanco, pasaron muy rápido, pero la de giro amarillo estaba más lejos de lo que parecía, y además las olas nos iban frenando, así que llegar hasta ella se hizo bastante duro. Poco antes de alcanzarla se pasa por un momento de confusión cuando nos cruzamos los que ya van de vuelta con los que aún vamos de ida, pues algunos se mezclan y hay amagos de choques frontales.

Ya a la vuelta se notan las olas a favor, gracias a ellas se avanza a muy buen ritmo. De vez en cuando me pego a alguno a sus pies, y luego trato de adelantarlo. La misma jugada también me la hacen a mí varias veces, por lo que el resultado final más o menos se compensa. Cuando salimos del agua, a diferencia de en otras pruebas, no nos dejan esprintar hasta el arco de meta, así que los restos de adrenalina al salir del agua nos los tenemos que comer con papas.

El tiempo que hice fue de 30 minutos y medio, peor que en Rota, pero más creíble al ser un recorrido de ida y vuelta, donde el efecto del oleaje se compensa. Aunque llegara a la meta bastante retrasado, quedé más o menos satisfecho, teniendo en cuenta que no había entrenado la natación durante toda la semana, y que el hecho de ser el recorrido de ida y vuelta me cogía un poco fuera de juego. Mi particular premio fueron los 4 Kg. de
uva moscatel que me compré, un manjar difícil de conseguir, ya que la mayor parte de la producción se destina a la elaboración del exquisito vino dulce de la tierra.
2º.- III CARRERA POPULAR "PINAR DE LOS FRANCESES". Mejorando pero menos de lo esperado.
La segunda prueba fue el sábado por la tarde en Chiclana. Además de Pilar también vino mi sobrina María, y nos desplazamos hasta allí acompañados de
Daniel y de su hermano
Álvaro, fuimos en su coche. Fue gratificante al llegar allí poder orientarlos de cómo era el circuito y de los puntos más peliagudos, la información siempre es buena compartirla. Antes de salir pudimos saludar también a
Diego, acompañado de su amigo y compañero de club
Germán.

El circuito es lo más parecido a un cross por asfalto que he conocido: calles estrechas (con embotellamientos al principio), continuos giros (dificultando mantener el ritmo), muchas subidas y bajadas (ídem de ídem), asfalto irregular por las raíces de los árboles (peligro para los tobillos, hubo varios lesionados), y mucha hojarasca de pino en el suelo (había que estar muy atento para no resbalarse). Además, en el tramo que es por un carril de tierra, hay que tener mucho cuidado en el acceso y en la salida, aparte de en los adelantamientos por los árboles que lo salpican. Como podéis comprobar es un recorrido complicado pero muy bueno para mantener la tensión desde el principio hasta el final.

Aunque la carrera se anuncia en el tríptico como de 2 vueltas de 4.000 metros, en realidad son tres vueltas de poco más de 2.300 metros, siendo la distancia total de aproximadamente 7.000 metros. El número de corredores fue de 468, 114 más que el año pasado, lo cual como ya he comentado complicó bastante la salida. Aunque la tarde era calurosa debido al levante, las nubes lo mitigaron un poco. La otra gran ayuda para combatirlo correspondió a los vecinos de la urbanización, que amablemente ofrecían refrescar nuestros acalorados cuerpos con sus mangueras.

Salgo bien situado, intento no acelerarme más de la cuenta y poco a poco posicionarme y coger mi ritmo. Aguanté bien los 4 primeros kilómetros (4'15", 4'18", 4'23" y 4'23"), pero hacia el final de la segunda vuelta la dureza del circuito comienza a pasarme factura en mis flojos pulmones. Sin llegar a ser un flato en toda regla, los leves pinchazos me van lastrando junto con los elevados volúmenes de entrenos de la semana. Los tres últimos voy cayendo poco a poco en picado: 4'36", 4'50" y 5'03". Acabé en 31'50", mejoré más de dos minutos y medio el tiempo del año pasado, pero comparado con otras carreras de distancias similares (
Montequinto,
Gerena, la de
San Juan en Rota...) hice peor media. Ya sé que cada prueba es un mundo por sus características y condiciones climatológicas, el caso es que sigo chocando con mi particular muro de no bajar de 4'30" el kilómetro. Y en los próximos meses, con la maratón a la vista, el objetivo será más entrenar el fondo que la velocidad sostenida, así que no sé cuándo conseguiré romper esa barrera de una vez por todas.

Sólo había camiseta para los 200 primeros clasificados, me quedé muy cerca de conseguirla. De todas formas, Diego tuvo el detallazo de regalarme la suya. Le insistí en que no hacía falta, que tengo ya varios cajones llenos, pero cómo resistirme a un gesto de tan buen corazón como éste. No me cansaré de repetir que una de los aspectos que más me gusta del deporte es a la cantidad de buena gente que te permite conocer, y el de Diego es un muy buen ejemplo de ello. Tanto él como Germán, Daniel y Álvaro, además de grandes personas, son muy buenos corredores y quedaron todos por delante mía, yo me dedico a ir más atrás tomando nota de la carrera para luego poder contárosla a todos vosotros, je, je.
3º.- 21/08/2011: TRAVESIA A NADO "PLAYA DE LA COSTILLA". Nunca es tarde si la dicha es buena.
Si bien en las dos primeras pruebas, aun obteniendo resultados satisfactorios, no terminé contento del todo, en la última del intenso triplete sí acabé bastante más a gusto con lo conseguido. El tiempo, como casi todo el fin de semana, más feo que
Los Hermanos Calatrava (a mí todos me parecían feos, no hago distinciones), encima lloviendo a ratos. Las ganas de meterse en el agua eran más escasas que los puestos de castañas asadas en el
Sáhara, pero ya que estábamos apuntados a la prueba había que realizarla por una cuestión de dignidad y de orgullo. En total nos atrevimos a lanzarnos al agua un total de 120 nadadores. Allí estaban
Carlos e Irina, además de su hermana, que también nadaría, y de sus padres.

A pesar de lo fea que se presentaba la mañana, nos reunimos un grupo bastante numeroso de valientes, y eso se notó en la salida, la más accidentada con diferencia de todas las del verano. Había veces que me hundían los dos pies, y no con la mano abierta, sino que notaba los dedos agarrando, osea, que ya se pasaba del accidente a la alevosía. En esos momentos es difícil mantener la sangre fría y centrarse en nadar, nos sale nuestro lado más primitivo y predomina la defensa propia manteniendo nuestro espacio vital, dando más patadas que en las filmografías de
Bruce Lee y
Jackie Chan juntas. Después de girar en la primera plataforma la cosa se tranquiliza un poco, aunque de vez en cuando mis pies chocan con alguna mano, dejándome los dedos muy castigados.

Como la travesía es de plataforma a plataforma sin pasar por las boyas, la orientación es un poco más difícil que de costumbre. La ventaja de ir más retrasado es que me permite ir siguiendo al grupo, porque si de mí dependiese yo no veo la plataforma o la boya de turno hasta que no la tengo prácticamente enfrente mía. Al igual que en la ida del día anterior nos tocó nadar contra el oleaje, así que esta circunstancia unida al cansancio acumulado hizo que me resultara la prueba un poco más dura de lo que me esperaba.

Cuando llego a meta me doy la alegría de ver en el cronómetro un tiempo de 18'30". Y eso a pesar de las olas en contra, cuando el año pasado hacía este tipo de pruebas las acababa entre 21 y 22 minutos. Me puse muy contento, se me da bien esta travesía porque hasta ahora era donde tenía mejor puesto en la clasificación, y ha sido aquí donde lo he mejorado. Al parecer el nadar por segundo día consecutivo, en vez de dejarme los brazos cargados me permitió reactivarlos después de la semana de letargo: si es que yo me conozco, eso de descansar no va mucho conmigo... ;-D

El verano tiene sus propias tradiciones: los
chiringuitos, la
sangría, la canción del verano... (bueno, menos mal que ésta última está pasando a la historia ;-) . Otra de ellas es que Irina recoja su premio a la mejor de su categoría, aunque por algún error no aparezca en la clasificación. Su hermana también recogíó premio como segunda de la general, en este caso se puede decir con todo el rigor del mundo lo de que llevan la natación en la sangre. Sus padres también son deportistas, ambos corren y él también le da a la bici, así que no me extrañaría que con esos antecedentes mantengan la afición por el deporte durante mucho tiempo.

Tras encadenar estas tres pruebas me toca huir un poco del calor y pasar varios días en
Salamanca, una ciudad que merece la pena, os la recomiendo para cualquier época del año. Allí seguiré entrenando la carrera a pie, buscaré rodajes largos sobre terrenos blandos (como dirían
Los Refrescos, "Aquí no hay playa", pero de sitios para correr hay donde elegir). También trataré de batir mi record de distancia en piscina, este año quiero llegar a 3.000 metros, a ver qué tal porque no he hecho apenas entrenamientos largos últimamente. Volveré a la playa el finde y podré correr en Sanlúcar, a seguir pateando la arena hasta que me canse de ella o ella de mí, quién sabe.