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martes, 7 de agosto de 2012

¿PLAYA O MONTAÑA? ¿Y POR QUE NO LAS DOS COSAS?

Las vacaciones de verano son el fruto merecido del descanso tras un largo año de trabajo... y a su vez son fuente de negocio para muchos abogados matrimonialistas en septiembre, que es el mes donde más divorcios se producen. Y es que a muchos tantos días seguidos de convivencia no les sientan demasiado bien, y como consecuencia las discusiones suben como el mercurio dentro del termómetro: que si pasamos unos días con tu familia o con la mía, que si nos llevamos o no con nosotros a los abuelos/suegros... También hay quien discute por el sitio, aunque la mayoría se decanta por la playa debido tanto a la cantidad y calidad de las que disfrutamos en nuestras costas como a las elevadas temperaturas propias de estas fechas, hay quien prefiere la tranquilidad del turismo de interior, ya sea cultural, gastronómico, de naturaleza...


Durante muchos años he tenido la suerte de poder pasar largas temporadas en la playa gracias a que mis abuelos o mis padres siempre han tenido una cama y un plato para mí, pero también he probado en bastantes ocasiones la opción del interior, sobre todo la de naturaleza cuando me he ido de campamentos de verano, y es una alternativa muy interesante. Y ahora que le dedico tanto tiempo a mi afición por el deporte, no iba a ser menos que sólo participara en competiciones playeras, también hay que darle alguna oportunidad al campo o a la montaña en verano. Así que este verano voy a probar con las dos opciones.


En la playa este año la prueba más especial que voy a hacer será la II Travesía Rotalagua, 5 Km de nado desde Punta Candor hasta la playa de La Costilla, con neopreno y aletas opcionales. Ya he hecho muchas de hasta 1.500 metros, pero por encima de esta distancia hasta ahora sólo había realizado el relevo del Desafío Doñana, que fueron 2.800 metros y encima nadé algunos metros de menos. Así que además de alargar los entrenamientos tanto en piscina como en la playa, en lugar de competir en el acuatlón de Rota con el gemelo aún no recuperado del todo, preferí participar en la travesía de Cádiz, de 2.600 metros, para ver qué tal aguantaba una distancia más larga que de costumbre.


La salida no era tan temprano como es habitual, a las 11:15, así que no tuve que madrugar. Para conseguir aparcar el coche di mas vueltas que los coros en el carrusel, acabé aparcando detrás de la piscina municipal. De camino a la playa pasé por delante del Holliday, pero no vi por allí a ningún Pureta del Caribe "de after". Tras recoger el dorsal, me refugié del sol en el paseo marítimo a hacer tiempo, y ya cuando se aproximaba la hora me acerqué a la orilla a calentar un poco y enterarme del recorrido. Bastantes nadadores inscritos, más de los que me esperaba por la longitud de la prueba, y una mayoría de gente joven y bien preparada.




Cuando comienza la prueba salgo desde el principio de los últimos para no recibir leña, intento ir a un buen ritmo con la intención de no separarme de la cola del grupo principal, pero una mala colocación de las gafas me hace parar a ponérmelas bien, y pierdo unos segundos que ya no voy a poder recuperar. Tras llegar a la primera boya y girar a la derecha, me fijo que uno de los que va a mi lado va alternando braza y crol, y aun así me cuesta despegarme de él. Conforme avanzamos, las boyas se convierten en un laberinto: unas veces más cerca de la orilla, otras más alejadas... Parecía que las hubiera colocado un borracho de los del Selu. Se pierde tiempo y se nadan metros de más de esta forma, a no ser que te orientes muy bien y no te desvíes del camino correcto. Tanto es así que cuando me acerco a la mitad de la prueba, empiezo a encontrarme con los de cabeza enfrente mía, y hago todas las virguerías posibles para no chocarme con ellos. Un par de veces sí que tuve algún pequeño choque pero afortunadamente sin consecuencias.


Tras dar la vuelta me alcanza un nadador más rápido que yo pero que se había desviado mucho. Cuando se va para adelante y se abre mucho a la derecha no le sigo pensando que se a vuelto a equivocar, pero ir "de enterao" por la vida es una postura poco aconsejable, porque al rato me doy cuenta que soy yo el que voy mal, así que otro zig-zag a la derecha para corregir rumbo y volver a la boya correcta. Conforme sigo avanzando voy perdiendo ritmo y me adelantan varios nadadores, ya no sé si voy el último o no, pero no me preocupa demasiado: algún día me tocará ser el farolillo rojo y punto, no pasa nada. Llegando a la última boya de giro hacia la playa, otro nadador que venía muy desviado desde mar adentro alcanza la boya con mucha velocidad. Casi chocamos, pero con educación él se disculpa y yo le cedo el paso, imaginaros si no ponernos allí a rellenar el parte amistoso... Me oriento bien al salir, ya que hasta la meta no es en ángulo recto pero había elegido un buen edificio de referencia. Llego de los últimos en 59 minutos (creo que la distancia, aparte de los desvíos, de por sí era un poco más larga de lo anunciado), pero satisfecho, porque aún me veía con energías para haber seguido más rato si hubiese sido preciso, así que voy por buen camino.


Para la montaña elegí una prueba de renombre, en su versión reducida, la cual estuve a punto de disputar el año pasado, pero por problemas de fechas tuve que renunciar a ella: la minisubida al Veleta. No es tan dura como hacer los 50 Km y más de 2.600 metros de desnivel desde Granada, pero los 11 Km anunciados (luego fueron varios menos) con 775 metros de desnivel entre los 2.525 y los 3.300 tampoco es moco de pavo. Sí que tuve que madrugar como los de la prueba larga para estar a las 7 de la mañana en el paseo del Salón, animar a los valientes (entre ellos, un deportista tan genial y entrañable como Super-Paco) en sus primeros metros y luego subir en los autobuses que nos acercarían a la Hoya de la Mora. Al principio fuimos de autobús escoba detrás de los últimos corredores, hasta terminar de atravesar Cenes de la Vega y desviarnos a la carretera nueva, donde adelantamos a los corredores que lideraban la prueba. Paramos en la mitad de la prueba, en el Centro de Visitantes El Dornajo. Los autobuses eran compartidos con los acompañantes, al decir que estaríamos allí una hora viendo pasar a los corredores me relajo, voy a un bar, me siento tranquilo, hablo por teléfono con Pilar... ¡Y de repente veo que mi autobús no está! Resulta que habían avisado para que los corredores nos subiéramos y salir y yo no me había enterado. Globería mayúscula de altos vuelos, de gran altura, de categoría especial... todo muy a juego con la prueba del día.


Tenía tres opciones: 1ª renunciar a correr (descartada en 0,5 segundos), 2ª empezar a correr desde allí y no hacer ni la minisubida ni la entera, sino la  media (hubiera sido el primero y el último de la clasificación oficiosa, se me pasó por la cabeza pero decidí probar antes la tercera opción), y 3ª buscar algún alma caritativa que me subiese en coche, moto, autobús o a patadas en el culo por huevón. Tuve suerte de que estaba por allí el director de la carrera, Enrique del C.A. Maracena, que tenía que subir en coche de todas formas, y de paso aproveché el trayecto para charlar con él y conocer más detalles de la prueba y de lo difícil que resulta su organización. Tras un par de paradas en los puntos de avituallamiento intermedios donde Enrique tenía que lidiar con todos los imprevistos que iban surgiendo, llegamos a donde estaban esperando el resto de los corredores de mi prueba. Pude saludar brevemente a Manu Chaparro de ADS (un crack, quedó segundo) y a Jose Manuel de Los Jartibles (otro fenómeno, llegó noveno), y tras pasar los líderes de la carrera larga comenzamos nosotros con nuestra versión reducida.


Desde el principio tengo claro que las referencias típicas de distancia y velocidad no me van a servir de nada. De hecho, el dato que más miro en mi reloj no es cuántos kilómetros llevo o a qué ritmo voy, sino la altitud a la que estamos y las pulsaciones para no pasarme de rosca. Todos salimos de primeras en tromba como es costumbre, pero tras dar las primeras zancadas... Ya lo había experimentado el año anterior cuando subí a ver el triatlón de Sierra Nevada y corrí varios kilómetros por aquí, por más que te esfuerzas en respirar parece que siempre te falta aire. De primera las pulsaciones se disparan, toca acortar zancada y ajustar el ritmo a lo que los pulmones te permiten. Los primeros kilómetros ya son a más de 6 minutos, contaba con ello y con que conforme subiéramos iría aumentando esa cifra.


Por si no teníamos bastante con las pronunciadas cuestas y la escasez de oxígeno a esta altura, la mañana se presenta con fuertes rachas de viento frío, que en las rectas en que nos toca de frente a veces nos frenan casi en seco. Los que van en grupo se refugian detrás del que va en cabeza, pero como yo siempre voy por libre no tengo ningún parapeto. Durante un rato vamos adelantándonos alternativamente con un chico del C.A. Puerto Real que me dice que lo que él practica es el salto de altura. ¡Chaval, que ésto es una prueba EN altura, no DE altura! Para que veáis que no soy el único despistado, je, je. Aun así se defiende bastante bien (luego me contó que antes también practicó los 800 metros), es de piernas largas, y alternando andar con correr se mantiene siempre cerca mía, hasta que encuentra su ritmo y ya se va para adelante definitivamente.


Poco a poco consigo ir subiendo, muy lentamente: 2.600, 2.700, 2.800... la mayoría de los kilómetros los paso a más de 7 minutos. Con la respiración tan forzada no me atrevo a beber en los avituallamientos, de todas formas no hace calor y el frío viento no hace necesario el sudar. De vez en cuando adelanto a algún corredor que se atranca y se pone a andar, otras veces me adelanta alguno que regula mejor su ritmo. Todo el camino es por asfalto, pero en algunos tramos está muy estropeado y hay que ir con mucha atención para no tropezar en algún socavón. Cuando me adelanta uno de los participantes del duatlón (es el primero año que se hace) lo reconozco por su trimono: ¡es Minda! (Quedó segundo, no me extraña con lo fiera que es). Lo saludo y apenas podemos intercambiar palabras, hay que administrar el oxígeno, quedamos en charlar en la meta.


Con mucho esfuerzo para no andar cuando corro contra el viento, sigo ascendiendo: 2.900, 3.000... Llego a un avituallamiento en el Km. 7 para nosotros, donde hay un cartel que indica el Km. 45 para los de la prueba larga: ¿significa que quedan aún 5 en vez de 4? Le veo el lado bueno: así la pendiente media será más baja.  3.100, 3.200... Cada vez un poco más lento, a 8 e incluso a 9 minutos el kilómetro. Procuro concentrarme en disfrutar una ocasión tan especial: miro el paisaje de las montañas alrededor, hacia abajo el reguero de corredores y más allá la estación de esquí, los pueblos, Granada... La vista se pierde a lo lejos, el silencio lo inunda todo. Poco después del kilómetro 10 veo a muchos corredores sentados, y un desvío a la derecha: ¡arriba ya se ve la meta! Último sprint para llegar con las sensaciones a tope, Jose Manuel me ve y me hace una foto llegando a meta, la alcanzo en 1h 23'. Las sensaciones son magníficas, sin haber hecho entrenos específicos de cuestas ni en altura he aguantado la prueba entera sin pasar demasiados apuros ni renquear más de lo normal dadas las características de la carrera.


Allí veo a Minda y charlamos un rato de nuestras próximas pruebas a la vista (Carboneras y Cabo de Gata en su caso, en el mío además de Rotalagua los triatlones de Rota, Chiclana, Trisur, Puerto de Santa María...) Foto de recuerdo en el podium, y como tuve la globería de no llevar en la mochila ninguna sudadera de manga larga, a coger lo antes posible el microbus para comenzar el descenso por etapas: había que coger también el telesilla del Veleta (el viento me hizo tiritar el cuerpo y castañear los dientes de lo lindo), y el telecabina hasta Pradollano. Allí había que localizar primero el edificio de los trabajadores de Cetursa, donde teníamos las duchas, el avituallamiento y el regalo de recuerdo, un pedestal de plástico con el cartel de la prueba. Luego averiguar dónde coger los autobuses de vuelta a Granada, para acabar la aventura casi a las 4 de la tarde.


Muy contento con esta experiencia, cansado pero satisfecho de haberla vivido, la recomiendo a todo el mundo. Algunos pequeños fallos en la organización, pero perdonables por ser un club modesto que se atreve a montar una prueba de esta envergadura y dificultad que ya es de las más señaladas del calendario andaluz y español. Esperemos que no sucumba a la crisis, en el coche charlando con Enrique me comentó que este año ha sido el primero que les ha resultado deficitaria debido al recorte de patrocinadores públicos y privados. Sería una pena que desapareciera y otros corredores no tuvieran la oportunidad de disfrutarla como lo hicimos todos los que por un día hemos podido cumplir con nuestro sueño de pequeños de tocar el cielo con nuestras manos.

20 comentarios:

minda dijo...

enhorabuena por tus gestas,fue un placer estar contigo por allí arriba,es cierto que hacía mucho frio en la cumbre pero muy buena lo de la toalla se ve que tienes más soluciones que Mc Gyver

Charlie dijo...

Para Minda: muchas gracias, pero en todo caso fue una "min-gesta", je, je.

Lo de la toalla debajo de la camiseta no lo he contado en la crónica, fue una chapuza para aguantar el frío mientras llegaban los microbuses, pero ni por esas, en el telesilla las pasé canutas.

Espero que coincidamos en más ocasiones, que con la lejanía en kilómetros lo tenemos un poco difícil. Un abrazo y hasta la próxima.

Triglobero dijo...

Charlie estas progresando muy bien, tocando todos los palos de la baraja haciendo del deporte la mejor diversión. En la variedad esta el buen gusto y el entretenimiento asegurado. Enhorabuena. Un abrazo

Charlie dijo...

Para Antonio: es lo que más me gusta, la variedad de probar todas las facetas del deporte, y disfrutar de cada una de ellas. Creo que en este sentido tenemos un punto de vista muy similar, ¿verdad?

Un abrazo y hasta pronto.

Miguel Mij-Mij dijo...

Por tierra, mar y aire. Eres como los GEO. Felicidades Charlie.

Luis Manuel Manzanedo Fernandez dijo...

No paras charli, mi enhorabuena, po la cronica tan amena y por tu evolucion acuatica y montañera. Yo tendre que hacerme de un neopreno tb, en sep me voy s trabajar a tarifa. Saludos.

Jose Prieto dijo...

La playa de Cádiz no me gusta para nadar, prefiero las de Rota ,menuda travesia te vas a pegar 5 kms eres grande . Me auntaré para otro año la subida tengo para elegir corriendo o bicicleta jeje.
Saludos
Por cierto estan preparando un triatlon en conil para el año que viene.

balbuej dijo...

Enhorabuena por esa gesta, y vaya que si te costó llegar a la meta, no veas llegar a la salida!. Yo estuve a punto de ir pero al final, nada. A ver el año que viene.

Charlie dijo...

Para Miguel: por tierra me defiendo (corriendo, en bici regular tirando a mal), por el mar me conformo con no hundirme, y por las nubes tengo la cabeza a veces, je, je.

Un abrazo y hasta la próxima.

Charlie dijo...

Para Luisma: evoluciono de forma lenta pero segura, siempre es bueno saber que puedes subir el listón un poco más para seguir motivado.

Además del neopreno, una tablita de surf/windsurf o una cometa de kite te servirán para pasártelo de lujo.

Un abrazo y hasta pronto.

Charlie dijo...

Para Jose: la playa de Cádiz está bastante bien: grande, limpia, sin piedras... pero lo de las boyas es un poco lioso. En Costa Ballena con marea baja sí hay rocas.

La travesía de 5 Km es un reto en sí mismo, em conformo con acabarla. Seguramente quedaré de los últimos, pero ya cuento con ello.

Para la subida al Veleta, si el año que viene ponen la bici al final en vez de al principio, hay que tener mucho cuidado con los socavones. Lo de Conil suena muy bien, estaré al loro.

Un abrazo y hasta la próxima.

Charlie dijo...

Para Balbuej: muchas gracias, tanto llegar a la salida como a la meta y luego el descenso fueron tres aventuras encadenadas, digamos un triatlon sui generis, je, je.

Te la recomiendo mucho, es para disfrutarla sin pensar en el tiempo o en la clasificación.

Un abrazo y hasta pronto.

FALIN dijo...

GRAN CARRERA CHARLIE. ERES UN CRACK

Diego dijo...

¡Madre mía sigues haciendo de todo...! ¡Fiera!

Charlie dijo...

Para Falín: muchas gracias, me acordé de cracks de verdad como tú, que te hubiera encantado esta carrera.

Por supuesto para ti la modalidad adecuada hubiera sido la larga, por longitud y desnivel. Aunque sea por asfalto, la belleza del impresionante paisaje y lo duro que se hace con la falta de oxígeno lo compensa.

Un abrazo y hasta la próxima.

Charlie dijo...

Para Diego: pues sí, sigo en mis trece de hacer un poco de todo, y en nada ser lo fiera que tú eres corriendo.

Un abrazo y hasta pronto.

tragabuche dijo...

enhorabuena charlie,menudo verano te has planteado,estas fuerte como el vinagre de bollullos,te vas a hacer invencible.un abrazo.

Charlie dijo...

Para Fernando: ¡bienvenido de nuevo por aquí! Sí que está siendo un verano variado y entretenido. Más que invencible, porque nunca gano ni creo que ganaré ninguna carrera, soy irrendible, je, je.

Un abrazo y hasta la próxima.

ANA (triatlonenfamilia) dijo...

Dios mio!!!!! veo que te cunde el verano y te atreves con todo... travesía, montaña .. que makina!!!!
Me alegro un montón volver a verte a tope.
un beso.

Charlie dijo...

Para Ana: es verdad que soy bastante "echao p'alante", como sé que no voy a ganar y en el fondo no es tan importante quedar más o menos arriba, prefiero probar más cosas para disfrutar de sensaciones diferentes.

Un abrazo y hasta pronto.